Los intendentes acuden de nuevo a Scioli

Persuadidos de que el lugar que les depara el oficialismo no refleja sus expectativas, los identificados con un recambio generacional en el PJ bonaerense comienzan a peregrinar hacia el gobierno bonaerense. La hipótesis más temida por el oficialismo nacional más cerca de convertirse en una profecía autocumplida.
Alentados por el antecedente de los supuestos deslices en que habrían incurrido Amado Boudou y Juan Gabriel Mariotto, emergentes a la vez de las presuntas dificultades del gobierno nacional para mantener bajo control y dentro de sus planes a dos de las figuras que imagina como recambio, los intendentes de la Tercera Sección Electoral comienzan a acercarse con menos timidez a la idea de un acuerdo político más amplio alrededor de la figura de Daniel Scioli.

Si bien no se trata de una articulación que tenga por base un acuerdo programático o electoral y que su estado es todavía embrionario, lo cierto es que entre varios de ellos cobró cuerpo la idea de impulsar un recambio generacional al frente del PJ bonaerense bastante más amplio del que imaginó en vida el ex presidente Néstor Kirchner. En lo esencial, porque tendría como condición que los intereses de los más antiguos dirigentes, identificados con la vieja maquinaria electoral, no sean parte relevante de la nueva conducción partidaria.

Como suele ocurrir en estos casos, no reina el consenso y la armonía sobre este punto que, por el contrario, despierta una comprensible rigidez pues el innegable peso territorial de algunos de ellos podría ser definitorio para consolidar los proyectos que alientan algunos de los más jóvenes y cuyo primer paso, de forma inexorable, derivará en una primera batalla por la aceptación de una figura emergente de la Tercera Sección Electoral.

Aunque de carácter soterrado y discreto, esta pelea cruza incluso el entramado de intereses que posiciona a los 19 jefes comunales en las cercanías de Scioli o de su vicegobernador, a quien el kirchnerismo promueve como un polo capaz de arrimar hacia su campo de atracción a los que, naturalmente y por necesidad económica, orbitan alrededor del gobierno nacional.

Un anticipo de cómo podría quedar encuadrado este mosaico de intereses se vivió el pasado 24 de febrero en Brandsen, donde Julio Pereyra convocó a través de la Federación Argentina de Municipios (FAM), a recordar el 66º aniversario del primer triunfo del peronismo en las urnas.

Bajo perfil

El inusitado bajo perfil del vicepresidente de la Nación y de Mariotto es, para los intendentes, el reflejo de las dificultades que vendría expresando el aparato de control oficialista sobre su propia tropa luego de una serie de traspiés de ambos donde, paradójicamente, los que involucran a Scioli son los que más sensibilizarían al gobierno nacional.

Según al menos dos jefes comunales, el segundo del gobernador habría incurrido en el peor de los pecados: la libre interpretación para ejecutar las órdenes que recibiría de la Casa Rosada. Si esos fuesen los términos, no se explicaría la llegada de Santiago Aragón a la presidencia de la Afcsa, que Mariotto acordó personalmente con la presidente Cristina Fernández horas antes de partir a la cumbre del G-20 en Francia el pasado 1º de noviembre.

Tres fuentes con buena llegada a la Casa Rosada, confirmaron que la primer mandataria lo recibió en la sede del Poder Ejecutivo, para sorpresa del vicegobernador. “Tuve tanta suerte que llamé y estaba desocupada y pude arreglarlo con ella” fue el comentario que deslizó después del encuentro entre íntimos. Aunque su mención a la diosa Fortuna fue algo menos ortodoxa.

De forma paradójica, el camino a esa designación lo allanaron las dificultades que atraviesa el gobierno nacional en dos áreas clave -energía y transporte- que dependen del ministerio de Planificación Federal. Cualquier eventual obstáculo fue removido por los malos días de Julio De Vido, quien era el único en condiciones de plantear alguna objeción al trasvasamiento que viene dejando en el camino a dirigentes ligados al PJ, como Manuel Baladrón a quien se pidió la renuncia a ese organismo, y alentando la llegada a espacio de decisión de representantes de La Cámpora.

Una modalidad que no logran replicar en los Municipios por la cerrada oposición de los intendentes a ceder porciones de poder que estiman propias y que derivaría en que la corriente identificada con Máximo Kirchner promueva representaciones propias en cada distrito del Gran Buenos Aires.

Esa aparente determinación de la mesa chica del oficialismo, lo llevaría incluso a reforzar posiciones más duras en las que la adhesión al “proyecto” comenzaría a ser analizada cada vez por tamices más complejos. A tal punto que Florencio Randazzo es sindicado como el supuesto delegado de Scioli dentro del gabinete nacional en rechazo indirecto a que Marcelo Feliú y Mario Caputo se alzasen con las comisiones de Asuntos Constitucionales y de Asuntos Agrarios en la Cámara de Diputados bonaerense. Algo que no solo los dejó sin espacio de poder que ambicionaban ocupar. También, especulan, que la llegada de legisladores ligados al ministerio del Interior hubiese sido imposible sin la anuencia de Scioli.

Intendentes

Los intendentes parecen, en tanto, más resueltos a no ser arrastrados por la inercia de los acontecimientos y a dotar a sus pasos de una cuota mayor de autonomía. Un dato sugestivo en ese sentido es la llegada de Lorena Oviedo al directorio del Instituto de Previsión Social que preside Mariano Cascallares. Oviedo venía ocupando la vice jefatura del Gabinete en el Municipio de Lomas de Zamora y es una dirigente vinculada en forma directa al intendente Martín Insaurralde, quien durante los dos últimos años rechazó las ofertas de Scioli para integrar representaciones en su gabinete con la idea de no irritar a la Casa Rosada.

Pero los movimientos parecen ser bastante más vastos, de acuerdo a la reunión que convocó la FAM en Brandsen el pasado 24 de febrero, donde comenzó a cobrar cuerpo la discusión para que un intendente de la Tercera Sección Electoral sea impulsado por el resto de sus pares como una figura de relieve.

Bajo la excusa formal de definir quién ocupará la presidencia del bloque justicialista en un organismo que agrupa a comunas de todo el país, afloraron las primeras rispideces entre miembros de la nueva generación de dirigentes por ocupar ese espacio por el que pelean Darío Giustozzi e Insaurralde pero que conmueve los cimientos de la titularidad de la FAM, que ostenta Julio Pereyra.

Repuesto de algunos problemas de salud que lo obligaron a ausentarse en períodos claves, el intendente de Florencio Varela pulsa con el de Esteban Echeverría, Fernando Gray, por el liderazgo de los distritos más pequeños como San Vicente, Presidente Perón y Cañuelas.

Más cerca de Mariotto que de Scioli, a los intendentes Daniel Di Sabatino, Aníbal Regueiro y a Gustavo Arrieta en representación de Raquel Fassi, la idea de una renovación que facilite su llegada a la conducción del PJ los coloca más cerca de esos dos candidatos que de Pereyra, su antiguo protector. Algo que también motiva a Darío Días Pérez, de Lanús, a colocarse más cerca de los dos pretendientes del cargo pese a su vínculo estrecho con el vicegobernador, privado de hacer valer sus influencias en un círculo de decisiones donde solo acreditan los jefes comunales.

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