La insignia otorgada tiene como objetivo destacar el trabajo "de quienes satisfagan las necesidades particulares del pueblo, de la Iglesia y también a quienes colaboren en su misión como ciudadanos".
Tal distinción, realizada el pasado martes 6 de Julio, el día del 125º Aniversario de la Creación del Partido de Campana, y en la Iglesia Criptal de la Catedral Santa Florentina, también fue entregada al Presidente de la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, Cdor. Horacio González.
También se encontraban presentes el titular de la Diócesis de Zárate-Campana, Monseñor Oscar Sarlinga, el Diputado Provincial Jorge Rubén Varela, Autoridades Eclesiásticas y del Partido, junto a invitados especiales.
La insignia otorgada tiene como objetivo destacar el trabajo "de quienes satisfagan las necesidades particulares del pueblo, de la Iglesia y también a quienes colaboren en su misión como ciudadanos", tal cual reza.
La Intendente Municipal de Campana, Stella Maris Giroldi, visiblemente emocionada al momento de recibir la distinción, manifestó: "Quiero agradecer y compartir con toda la comunidad esta distinción con la cual la Hermandad de los Caballeros Católicos "Sapientia" me honra con la Orden del Sagrado Corazón. Monseñor Oscar Sarlinga sabe del trabajo que hacemos por y para los vecinos, para la gente de nuestra ciudad".
Y agregó: "Nosotros humildemente lo que intentamos hacer desde cada lugar es entender y trabajar, porque donde hay una necesidad también hay un derecho".
La Asociación de Caballeros Católicos "Sapientia" tiene carácter católico, pues el Código de Derecho canónico reitera la enseñanza del Concilio Vaticano II, el cual establece explícitamente que, dentro del mantenimiento de la relación adecuada con autoridades de la Iglesia, los laicos tienen el derecho a fundar y gobernar este tipo de asociaciones y de afiliarse a los ya existentes.
El florecimiento de las asociaciones de los laicos, con carácter de caballeros católicos, son una característica típica de la Iglesia contemporánea, tiene precedentes en la historia de la Iglesia y de la civilización cristiana, tal como Juan Pablo II lo ha dicho, que a través de los siglos "no hemos dejado de ver el fenómeno de asociaciones que se vieron espontáneamente impulsadas a unirse, llevadas a perseguir fines específicamente o espirituales o de beneficencia y ayuda mutua, para satisfacer las necesidades particulares del pueblo y de la Iglesia en su tiempo y también a colaborar en su misión esencial y permanente".
Incluso una mirada a la historia de la Iglesia revela la magnitud del trabajo realizado por estas asociaciones en momentos cruciales de su existencia, y la riqueza de los carismas que se generan en todas las edades por los movimientos laicos creados para la renovación de la vida cristiana y civilizacional.
Más recientemente, dando un renovado impulso de reconocimiento de la dignidad y responsabilidad de todos los cristianos, en virtud de su bautismo, el Concilio Vaticano II le dio un fuerte impulso a todo el universo de asociaciones de laicos, y en especial a las asociaciones de caballeros cristianos, vista la aparición de nuevos carismas y nuevas formas de asociaciones.
En Christifideles Laici, escrito 20 años después del Concilio, es precisamente este asociacionismo al que Juan Pablo II se refería cuando escribió que "el fenómeno asociativo laical entre ellos ha tomado un carácter particular y de la variedad y vitalidad, que anuncia una nueva época del grupo, junto al asociacionismo tradicional, con nuevas hermandades y cofradías que han surgido, con una función específica, objetivo que manifiesta la capacidad de iniciativa y la generosidad de nuestro laicado".


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