El intendente Isa entró en una vorágine de saludos de fin de año

El intendente Miguel Isa convirtió el vértigo de fin de año en una placentera agenda protocolar, que incluye un sinnúmero de reconocimientos a la "gran familia municipal", con visitas a las reparticiones públicas, armoniosamente distribuidas entre Navidad y Año Nuevo. Sin perder de vista las exigencias de la gestión los encuentros le reportan un volumen muy bien calculado y nada despreciable de caudal político.
Las elecciones en las que Isa buscará llegar al tercer mandato son en abril y es evidente que el jefe comunal enfocó las tareas del último tramo del año con especial dedicación a ese objetivo. En caso de ser reelecto Isa marcaría un récord para el período democrático que arrancó en 1983. Ningún intendente justicialista puede ofrecer esa performance que lo deposita como indiscutido jefe político de la Capital.

Durante las visitas a las oficinas municipales no aparecieron los reclamos de la Planta Hormigonera, ni por el ingreso a planta permanente de los pasantes, ni el estado deplorable de los baños y condiciones generales de los que trabajan en la Anselmo Rojo; tampoco hay problemas en los cementerios, desaparecieron las tensiones por la entrega de la ropa de trabajo en Tránsito y bajó el nivel de confrontación de la UTM en las conciliaciones obligatorias.

El intendente entregó certificados a inspectores municipales y acentuó una característica inusual del municipio que más allá del alumbrado, barrido y limpieza, se dedicará también a actividad educativa de verano.

El vértigo de fin de año dejó atrás la interpelación a la secretaría general de la Municipalidad Estela Soto; ni los concejales opositores se acordaron de exigir al intendente que conteste un informe escrito sobre los resultados de la interpelación, a la funcionaria que distribuyó su renuncia en los medios de comunicación y después se quedó en el cargo.

Isa protegió al extremo a su director de Tránsito. Gerardo Montaldi, salió por arriba, como en los laberintos. Se fue, pero sigue. La temible amenaza de los concejales por el caso de las excepciones edilicias quedó en el olvido, al menos hasta marzo del año que viene. Se sacó de encima a Raúl Kalinsky cuando amenazaba convertirse en una gran mochila de plomo y no pudo sostener a Eduardo Gandulfo, el otro interpelado.

Isa no volvió a subir al Tren Urbano, que a esta altura se transformó casi en un misterio y del que ya nadie se acuerda. Está encaminado sin escollos aparentes hacia la re- re reelección.

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