La férrea mirada del general aparece, al costado de la imagen de la virgen de Luján, detrás del sillón que Ricardo Bussi utiliza en la vieja sede central de Fuerza Republicana. Idéntica foto, con la misma camisa y el saco marrón debajo de una media sonrisa, ocupa buena parte de la pared en las oficinas que José Luis Bussi alquiló para la campaña de su partido, el Republicano, a unas doce cuadras de la de su hermano menor.
Pocos pueden explicar las razones de la disidencia entre dos hermanos que coinciden en lo ideológico y en una especie de adoración por su padre, de 85 años y con problemas de salud.
"Fuerza Republicana ha sido blanco de un ataque furibundo desde el peronismo local. Muchos han sido comprados por el PJ, y estimo que lo de mi hermano se inscribe en ese contexto", dice Ricardo, ex senador y diputado nacional, sin ocultar su enojo. "Hay un solo bussismo, pero en esta elección hay dos vertientes. Las dos sumamos votos para el general", dice José Luis, dos años mayor, y asegura "perdonar" los agravios de su hermano.
Los sondeos
En lo único que Ricardo, que según algunos sondeos terminará tercero en las elecciones con 5 a 7 puntos del total de votos, y José Luis, autor del libro Mi padre, el general , coinciden plenamente es al defender a su padre. "La sentencia contra mi padre fue dictada en la Casa Rosada. Lo que pasó acá fue una guerra, con dos ejércitos", dice el líder de Fuerza Republicana. "La vida de mi padre fue un espejo del siglo XX. Aborrezco la violencia, pero él fue un militar que cumplió con su deber", dice José Luis. "Si cometió algún pecado, lo está pagando", agrega el mayor, en referencia al precario estado de salud del general, que cumple su condena domiciliaria perpetua en un country del barrio Yerba Buena.
Los dos Bussi critican duramente a Alperovich. "Este es un gobierno corrupto", dice Ricardo. "Hay una desintegración social alarmante en la provincia", coincide José Luis.
Ambos desmienten estar financiados por el propio gobernador para dividir a la oposición. Y creen que podrán recuperar al partido que llevó al poder a su padre a mediados de los años noventa y que hoy se reduce a una mínima expresión. Nadie sabe si, después de esta batalla, terminarán haciendo las paces.


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