Por Mario WainfeldEl gobierno de Formosa y representantes de la Comunidad La Primavera participaron, frente a frente, de una audiencia pública convocada por la Corte Suprema.
El avance de la causa tiene sus bemoles. La Corte no tiene facultades para dictar una sentencia coercitiva para las partes. Un recurso trillado, reenviar el expediente a la Justicia formoseña, así fuera con recomendaciones severas, dejaría desamparada a la Comunidad La Primavera. El Tribunal deberá imaginar con creatividad un mecanismo más potente. De cualquier manera, la audiencia en sí misma es un hecho político reparador, que también debe movilizar a otros poderes del Estado.
Los medios dominantes ningunearon cobertura a la audiencia, un dato pletórico de sustancia.
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Lorenzetti había ensalzado ese tipo de audiencias, los avances de las causas sobre derechos humanos y otros logros de la Corte en su ya clásico discurso de apertura del año judicial. Es otro aporte refrescante: los jueces ya no hablan por (ya no se ocultan en la jerga indescifrable de) sus sentencias. Salen a la palestra, entran al Agora. El contenido del mensaje es opinable, la apertura oxigena.
Orador avezado y bastante astuto, Lorenzetti suele mechar sus alocuciones con tópicos gratos a “las dos tribunas” y a los palcos VIP. En esta ocasión les facilitó material a políticos o medios opositores. Cuestionó varias veces “la tragedia” (de Once) en franco reproche a carencias del Gobierno. Y evocó sentencias contra el Estado nacional, referidas al manejo de la pauta publicitaria. Eran pases de gol, premeditados. Pero Clarín y La Nación no se conformaron con eso. En sus titulares de tapa y en notas del día siguiente tergiversaron sus palabras. Extrapolaron alusiones a la persecución política en tiempos de dictadura y las “transformaron” en un mensaje contra el Gobierno. El discurso del presidente de la Corte se presentó en capítulos, la ubicación de los párrafos respectivos no dejaba resquicios para dudas. La crónica y la columna de opinión del jueves de la periodista Irina Hauser (publicadas miércoles y jueves en Página/12) dieron cuenta minuciosa del sentido de las palabras y su contexto.
Lorenzetti denunció la manipulación, a la que tildó (eufemísticamente) de “descontextualización”. Resaltó que le preocupaba y enfatizó el sentido de sus palabras. La Nación recogió sus palabras y las reprodujo, aunque en una nota mucho menos amplia que la versión falsa. Un columnista invitado de ese diario reincidió en la versión falaz. Clarín ignoró el señalamiento de Lorenzetti, a través de un “pirulo” que tergiversaba su palabra por segunda vez.
Son habituales estos episodios en la crónica mediática. Por la dimensión del personaje damnificado, por la enormidad de la manipulación, el caso llega al podio, aun en la “alta competencia” argentina.
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Otras enunciaciones recordables pronunció el magistrado, en un reportaje transcripto en este diario el jueves. Dijo que el conflicto es consustancial a la democracia, tanto como las desinteligencias entre los poderes del Estado. Agregó que a veces se sustancian virtuosa y cooperativamente como pasa con los juicios que investigan crímenes de lesa humanidad. Y que en otras hay choques y discusiones. Naturalizó el conflicto y asumió que el sistema no es perfecto pero sí sustancialmente diferente a la dictadura. Y expresó “yo la viví”, traducible como “yo la sufrí”, algo que lo distancia de periodistas que la vivieron como gacetilleros de las Fuerzas Armadas o como editorialistas difusores de la palabra del represor Albano Harguindeguy. Ellos también “vivieron” la dictadura, la pasaron mejor.
Por último, efectos de esta reseña, Su Señoría afirmó que cuando se habla de “poder” se alude a los políticos, tanto como a los fácticos. Una verdad ajena al mainstream de los medios dominantes. Viene al caso señalar que la Corte hasta ahora ha sido mucho más rigurosa con los otros poderes del Estado que con las corporaciones. Sus (contadas) sentencias al respecto son usualmente chirles. Como cualquier otro estamento estatal, la Corte proyecta luces y sombras, aciertos o errores. Valorar su de-sempeño no es juzgarla en clave de blanco o negro sino de grises o, si se quiere, de proporciones. En este aspecto, como en cualquiera, el Tribunal (cuyos integrantes ocupan sus cargos de por vida) tiene oportunidad de mejorar o reparar sus carencias o excesivas transigencias.
En promedio, el discurso de Lorenzetti y la audiencia mentada suma a la columna del “Haber” del tribunal cuya actual formación, como también puntualizó Lorenzetti, “forma parte de este proceso político”.



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