Los insurgentes tienen cercada la ciudad de Bani Walid, donde estarían dos de los hijos del ex líder libio; fracasaron las negociaciones
Los towar pretenden así liberar Bani Walid y Sirte , dos de los últimos grandes bastiones leales al ex líder libio. Ayer, varias unidades rebeldes comenzaron a concentrarse en los alrededores de Bani Walid, donde se registraron las primeras escaramuzas. Allí se refugiarían dos de los hijos de Khadafy , pero no el rais , cuya frenética búsqueda aún continúa.
El asalto al bastión de Khadafy era anoche inminente tras el fracaso de las tratativas para una rendición pacífica, según el jefe de los negociadores de las nuevas autoridades libias. "Dejo que el comandante [de las fuerzas rebeldes] administre el problema", dijo Abdullah Kenchil, que reveló que los jefes de las tribus pedían que los revolucionarios ingresaran desarmados. Una locura.
Los rebeldes , que negocian desde hace días, habían indicado que si no había una rendición antes de las 10, hora local, iban a dar comienzo a una operación militar contra Bani Walid, que se levanta en un oasis en medio del desierto 130 kilómetros al sur de Misurata y se encuentra sitiada.
Pero como ya había ocurrido con un ultimátum lanzado en contra de las fuerzas leales en Sirte, esto no ocurrió, y se extendieron las tratativas, que al bajar el sol fracasaron definitivamente.
La tribu Warfalla -aliada de la tribu Khadafa- domina Bani Walid, una ciudad de unas 75.000 personas donde algunas versiones indicaban que habían comenzado a entregarse algunos miembros de las fuerzas leales al hoy denostado coronel.
El paradero de Khadafy sigue envuelto en una nube de misterio desde la caída de Trípoli. El ex líder libio sólo ha aparecido en desafiantes mensajes de audio en los que llamó a la resistencia. Los rebeldes -que en estas últimas semanas han dado noticias que luego resultaron falsas, como el arresto de algunos de los hijos de Khadafy- afirman ahora que saben dónde se encuentra el ex rai s, que estaría rodeado en alguna parte desconocida del país. Si bien se decía que Khadafy se hallaba en Bani Walid, muchos testigos creen que allí ya no se encuentra, aunque sí se ocultarían sus hijos Saadi y Muatasim.
"Inshallah [si Dios quiere] no va a haber más sangre. Queremos entrar pacíficamente en Sirte", dice a La Nacion Salam, de 29 años, en el último check point antes de la línea del frente hacia Sirte. Pese al permiso del alto comando de las fuerzas rebeldes, hasta aquí dejan llegar a los periodistas.
"No queremos seguir matándonos entre hermanos, sabemos que en Sirte muchas tribus ya no están con Khadafy, pero son rehenes de Khadafy", dice Salem, oriundo de Misurata, que cuenta que antes de la revolución que comenzó el 17 de febrero trabajaba en una constructora del gobierno por 300 dinares al mes (210 dólares), "una miseria". "Esperamos la orden para atacar; si los de Sirte nos disparan, nosotros también vamos a disparar. Estamos listos para la lucha", afirma Yussuf, un chico que dice tener 18 años, pero que aparenta 15, que está en la misma Toyota camuflada, con un lanzamisiles en la parte trasera. En el check point hay idas y venidas de los medios con towar sin uniformes, pero muy entusiasmados y armados hasta los dientes.
También van y vienen ambulancias y camiones con víveres: agua, bolsas de hielo para mantenerla fresca en este calor infernal y ovejas. Incluso se ven camiones que llevan hacia el frente los " dbaba " (como llaman aquí a los tanques) beige que antes pertenecían al rai s. "Quedaron intactos de las batallas de Misurata y Trípoli y pueden servir para el último asalto", explican los towar .
El check point -contenedores llenos de arena colocados en medio de la ruta costera hacia Sirte- se levanta en el cruce con la ruta que va hacia Bani Walid -que está cortada-, a 100 metros de lo que fue un puesto policial. Pintado de verde, el edificio está agujereado por disparos de artillería y ostenta una leyenda del pasado: "Khadafy, el rey de Africa". Hay un par de palmeras, un camello y resabios de guerra: carcasas de autos quemadas, municiones, una fábrica de cemento arrasada y dos volquetes destrozados.
"Esta mañana lanzaron desde Sirte misiles Grad a pocos kilómetros. Por eso no los dejamos pasar", explica a un grupo de periodistas Shukri al-Masdr, el comandante de este último check point antes de la línea del frente, que le prohíbe a los medios televisivos que filmen. Y más adelante nos muestra lo que -asegura- era una alfombra de una de las tantas carpas beduinas que amaba el coronel.
En el check point explican que probablemente los líderes de las tribus leales a Khadafy exijan garantías: amnistía para todos aquellos que le fueron fieles al rais , que no les quiten las armas (toda una cuestión de honor en esta parte del norte de Africa) y que no haya saqueos. No pueden salir humillados, sino que tienen que salvar la cara, algo que probablemente no logró negociarse en Bani Walid.
Aunque en este último check point antes de Sirte hay muchos towar estilo Rambo, impacientes por ir al frente, también hay otros pacíficos. Uno de ellos es Adb, con turbante y Kalashnikov, que al ofrecer un chai (té) nos muestra la foto de su bebe de tres meses, Ahmed, que guarda en el celular. "Antes de convertirme en un combatiente trabajaba en el puerto de Misurata. Ahora espero que todo esto termine de una vez y que mi hijo de tres meses pueda vivir en paz -dice-. A los libios no nos gusta la guerra, fuimos obligados a esto."
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