La clase más baja afirma que le quitan el trabajo. Y los candidatos buscan capitalizar la protesta.
La inmigración se ha vuelto la obsesión de los británicos y el fantasma de la campaña para los comicios del 6 de mayo. Ha forzado a los candidatos conservador, laborista y liberal a adoptar una posición. De lo contrario, el tema será usado por los xenófobos del BNP para manipular el miedo de la gente ante la escasez de trabajo. Con 2,5 millones de desempleados y el país saliendo de la recesión pero a costa de miles de trabajos perdidos, el reclamo es unánime en las clases más bajas: "Recorten la inmigración, los trabajos terminan en manos de extranjeros".
¿Mito o realidad? Más que nada, desinformación y manipulación por parte de la prensa tabloide, que agiganta la amenaza de los inmigrantes, aun de los europeos, sobre el mercado del trabajo y especialmente su "asalto" a los servicios sociales. Son mayoría los extranjeros que trabajan de mozos, cocineros, mucamas de hoteles, basureros, enfermeras, recolectores de cosechas de frutas y trabajo sin mayor calificación. Hasta ahora, cuando la crisis llegó con toda su fuerza, los británicos preferían reclamar beneficios antes que aceptar esos oficios duros, poco reconocidos socialmente y mal pagos. "Ordeñar el sistema" es una frase que repiten una y otra vez los tabloides para referirse a los extranjeros que llegan y quieren aprovecharse de los generosos ofrecimientos del Welfare State de la posguerra. Lo que no saben es que el sistema cambió y no todos aprovechan las ventajas que restan. La consecuencia es xenofobia.
"Yo creo que es una manipulación de los tabloides. Trabajo en la hotelería y los británicos no quieren estos tipos de trabajo. Los extranjeros trabajan duro", alerta Mary, manager de un pub con habitaciones en Alkhan, en las cercanías de Dover.
Robert es un retirado marino y apoya la inmigración por puntos de los laboristas. "Yo no digo que debemos abandonar a su suerte a los que huyen de las guerras, como los afganos e iraquíes. Pero el dinero no alcanza para todos", sostiene.
Nadie sabe exactamente cuántos extranjeros ilegales se encuentran en Gran Bretaña. Un estudio de Migration Watch, un think tank para incrementar los controles migratorios, considera que hay al menos 1 millón de extranjeros ilegales. Unos 60.000 por año se quedan después de que su visa expira. Una cifra que incluye 200.000 personas más que las 863.000 ilegales que la London School of Economics había establecido para Boris Johnson, el alcalde conservador de Londres, quien auspicia una amnistía general. A ellos hay que sumarle los 219.000 aspirantes a conseguir asilo político que fueron rechazados el año pasado.
Los candidatos se encuentran presionados para responder a las demandas sobre la política migratoria. El liberal demócrata Nick Clegg es el más osado. Apoyó una amnistía para "al menos 600.000 personas que viven ilegalmente en el país y podrán pagar impuestos, serán forzadas a trabajar comunitariamente por haber violado la ley y tendrán derecho a la salud y a los beneficios sociales".
La sola idea horroriza al conservador David Cameron.El busca control, control y más control de los inmigrantes. Va a introducir un límite anual de inmigrantes económicos que no provienen de la Unión Europea, una cuota que variará anualmente. Nuevas reglas van a restringir las visas de estudiantes y cada persona que llegue al reino para casarse y sea de fuera de la Unión Europea será sometido a un test de inglés.
Un nuevo sistema de puntos -copiado de Australia- es el propuesto por los laboristas, que seleccionarán a los inmigrantes que ellos quieren que lleguen a Gran Bretaña. Los laboristas desmienten que los puestos de trabajo favorezcan a los inmigrantes antes que a los británicos. Pero establecerán que, bajo el sistema de puntos, una oferta de trabajo será publicitada durante cuatro semanas antes de que un extranjero de fuera de la Unión Europea tenga derecho a postularse para cubrirla.
Si la economía británica quiere recuperarse sin los extranjeros, tendrá que convencer a sus ciudadanos de volver a trabajar.

Comentá la nota