Si no empieza el 1º de enero hay que esperar al 2013. El desvío del río sólo puede hacerse en el verano.
Para los funcionarios del gobierno neuquino y especialmente de Emprendimientos Hidroeléctricos (Emhidro), la empresa estatal creada para intervenir en Chihuido I, no es ninguna novedad que los trabajos no comenzarán el primero de enero. Tampoco lo ignora Jorge Sapag, según confió a "Río Negro" una persona de su confianza.
"No sé qué pasa, hace una semana firmamos todo con Nación, pero la concesión sigue parada", dijo la fuente.
En noviembre el gobierno neuquino y el nacional establecieron los avales y garantías para el financiamiento de la obra, que costará, no los 1.500 millones de dólares previstos originalmente por el grupo que se impuso en la compulsa, sino 2.000 millones.
La obra estará a cargo de un consorcio integrado por las empresas Electroingeniería, la constructora brasileña OAS, Hidrocuyo y CTC.
Es conocida la cercanía a la Casa Rosada de Electroingeniería, que es transportista en extra alta tensión con Transener y posee medios de comunicación. En CTC tiene participación el empresario Cristóbal López (casinos, colectivos y petróleo), al que le adjudican también cercanía con el gobierno nacional.
La presa tendrá una altura de 105 metros y poco más de un kilómetro de largo. El embalse será más largo que ancho por lo encajonados que corren los ríos Neuquén y Agrio en esos tramos.
Subirá hasta los 625 metros sobre el nivel del mar (el coronamiento de la presa llega seis metros más arriba), con un volumen total de 5.496 hectómetros cúbicos.
Su central hidroeléctrica contará con cuatro turbinas tipo Francis, con una potencia conjunta de 637 megavatios (MW) y alcanzará una generación media anual de 1.750 gigavatios por hora (GWh).
Para levantar la obra, lo primero que hay que hacer es constituir un recinto seco mediante la construcción de dos ataguías (del árabe taqiyyah, prevención), que son como pequeñas presas; una de ellas terminará incluso formando parte de la estructura definitiva.
Es preciso desviar el río para poder trabajar en ese sector. Para ello hay que cavar dos túneles en la roca de 11 metros de diámetro; por cada uno podrán pasar hasta 1.600 metros cúbicos de agua, lo que permite pensar en una derivación de 3.200.
El Neuquén es un río duro de domar porque tiene un caudal promedio histórico de 311 metros cúbicos por segundo, pero llegó a marcas cercanas a los 11.000 y los estudios dicen que puede alcanzan los 24.000. En el verano (enero-marzo) hay certezas de que no habrá crecidas.
Por supuesto que si la adjudicación de la obra (y la operación y el mantenimiento, que incluye el pago de los préstamos y aportes estatales) se firma en enero, inmediatamente podrían iniciarse tareas secundarias (relocalización de poblaciones, caminos, tendidos eléctricos, etcétera) pero la presa en sí misma no se elevará ni un centímetro del suelo


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