Pasadas las diez de la mañana, como para la fiesta de San Sanjuan, la corneta de don Esteban Sajama anunció la llegada de cuatro samilantes que, en el centro de la plaza, hicieron vibrar las plumas de suri de su traje al tiempo que tiraban los cuartos de cordero para quebrarlos. Y hubo carnavalito a cargo de un grupo de danzas, pesebres con su sonido de quena y redoble, copla y caja: el calendario completo de una cultura que le yapa atractivos al paisaje quebradeño.
La ceremonia inaugural también incluyó carnavalitos y danzas en la plaza central de la ciudad.
Félix Pérez, intendente de la comuna anfitriona, pocos minutos antes había comenzado sus palabras con la pregunta: ¿qué más se puede pedir a Dios? Luego, repitiendo lo que ya casi es un slogan de cada apertura del Enero Tilcareño, pidió que el brindis no lleve de la alegría a la desgracia, y trató de imaginar como habrá sido ese sueño iniciado hace algo más de medio siglo. Con la presencia del diputado nacional Mario Fiad y del secretario de turismo de la provincia,Juan José Martiarena, autoridades de las instituciones locales, numerosos vecinos y visitantes, las canciones patrias estuvieron a cargo de Wenceslao Altamirando y los maestros quebradeños, entre los que estaban Raúl Torres y Alfredo Cruz que, inspirados con la fusión de sonidos, supieron darle al minuto de silencio, tras la quena que remedaba al clarín, vientos de sikuriada, y terminar Aurora con frases del Cóndor Pasa. Al terminar el himno nacional, después del párrafo instrumental, mermó el volumen de los instrumentos para dejar el de las cajas que transformaron los versos "sean eternos los laureles, que supimos conseguir, coronados de gloria vivamos o juremos con gloria morir", en una copla cantada con la tonada del lugar por las Copleras de Tilcara.
Entonces ya estaba lanzado el quincuagésimo quinto Enero Tilcareño: volvió corneta, se despidieron los pesebres, hubo coplas y, ya pisando un mediodía tímido que dejaba el celeste sobre el lecho del río Grande para coronar de nubes sendos cordones de cerros, se inició la jornada, que ya se aguardaba festiva en las calles, con las pinturas expuestas en el museo Terry.


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