El religioso sostiene que el debate ayudará a profundizar la visión que se tiene de la democracia.
El fragor del debate, me parece que tiene que ver más con ciertos preconceptos, a veces posicionamientos ideológicos cerrados, que tenemos como sociedad a nivel político, social y cultural, que con un enfoque jurídico integral.
Los argumentos en contra recorren un amplio espectro, a saber:
Psicológicos: los chicos de 16 años no tienen la madurez suficiente para poder elegir a sus representantes. Todavía, no han desarrollado suficientemente su personalidad como para asumir esta responsabilidad.
Socioculturales: los intereses de los chicos de esa edad están más ligados a la recreación, al disfrute de la vida junto a sus pares, que al compromiso político que supone una opción a la hora de votar.
Políticos: la política no es parte del horizonte de sentido de sus vidas y por lo tanto la acción de votar sería contradictoria, ya que no se orientaría al desarrollo integral de sus vidas en el momento presente. Más aún, correrían el peligro de ser manipulados por las estructuras políticas que más que como ciudadanos los verían como un voto más para sus partidos.
Familiares: muchos padres, o adultos que tienen la misión de criar y educar a jóvenes, piensan que los chicos no están preparados para una decisión tan importante, y temen que sus hijos puedan ser usados con fines electoralistas.
Jurídicos: otro sector de la sociedad, cree que si se permite el voto a los 16 años, esta situación tendría que ir acompañada por la baja de la edad en la imputabilidad a los chicos en conflicto con la ley penal.
Argumentos en contra
Desde el punto de vista de la psicología, es cierto que los chicos a esa edad no están lo suficientemente maduros, pero tampoco lo están los de 18 y más grandes aún. El elegir no es una cuestión de edad, sino de ejercicio de derechos. La ‘supuesta inmadurez’ tiene que ver con un preconcepto del desarrollo de la personalidad de los individuos proyectadas al universo de los derechos. No tener la suficiente madurez psicológica, no implica estar imposibilitado de ejercer los derechos civiles y políticos.
Los argumentos socioculturales, familiares y políticos tienen un gran peso, pero al igual que los psicológicos, confunden los planos, falta de interés para la cuestión política, no implica imposibilidad de ejercer los derechos civiles y políticos. En este sentido, será tarea del Estado, de la familia y de la sociedad “educar” a los chicos para el ejercicio ciudadano de tal manera, que la cuestión política aparezca entre sus puntos de interés.
Las familias tendrían que preguntarse por el modelo de educación en el cual forman a los jóvenes. Modelos autoritarios o anárquicos evidentemente no ayudan a formar jóvenes libres y responsables. Un proyecto de familia democrática, donde todos los miembros se experimenten como personas, vivan la comunión familiar desde la responsabilidad por el otro y el bien común familiar, donde los chicos ejerciten desde niños sus derechos y asuman sus responsabilidades será la meta a alcanzar.
De igual manera, la participación política de un joven debería comenzar en la niñez, en su escuela, en su club, en los ámbitos institucionales donde se desarrolla como persona.
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