En línea con Merkel, el primer ministro británico dijo que si los griegos vuelven a votar contra el ajuste estarán optando por salir de la eurozona. Los riesgos de volver al dracma
En declaraciones en Chicago previas a la cumbre de la OTAN, Cameron desestimó los rumores de que la reunión del Grupo de los Ocho (G-8) del fin de semana en Maryland fue un fracaso porque creo que ayudó a cristalizar el enfoque de los líderes de las mayores economías mundiales y particularmente a cristalizar el enfoque de los miembros de la zona euro. En esa reunión, los líderes mundiales volvieron a comprometerse para mantener a Grecia en la zona euro, pero subrayaron las preocupaciones sobre los costos de una salida. La reunión arrancó sacudida por el rumor de que la canciller alemana, Angela Merkel, había llamado al presidente de Grecia para tantear la posibilidad de que, junto con las elecciones, se celebrara un referéndum para que los griegos dijeran si quieren o no seguir en el euro, algo que coincidió con las declaraciones del comisario de Comercio de la UE, Karel de Gucht, admitiendo por primera vez públicamente que el bloque estaba trabajando sobre una posible salida griega.
Ahora tenemos que enviar un claro mensaje a la gente en Grecia. Hay una opción: puedes votar para quedarte en la zona euro con todos los compromisos que tomaste o, si votas por el rechazo, efectivamente estarás votando por irte (de la zona euro), afirmó a periodistas.
El líder conservador sostuvo que ahora lo esencial era elaborar planes de contingencia para afrontar cualquiera de los dos panoramas. Es necesario tener listos planes realmente claros que mantengan a nuestras economías a salvo y estables, dijo.
En principio, algunas de las consecuencias a largo plazo de que Atenas deje la moneda única no son desagradables. La zona euro ya no tendría que preocuparse más de su miembro más débil. Aunque el valor de una nueva moneda griega caería tan pronto fuera emitida, eso haría a la economía griega mucho más competitiva.
Pero los efectos a corto plazo serían brutales, tanto a nivel local como para la economía mundial. Una Grecia sin euro podría encontrarse en dificultades para importar alimentos y combustible, la vida diaria se reduciría a intercambio de bienes y servicios y el Gobierno se vería incapaz de pagar a los trabajadores con algo que quisieran aceptar.
Sería el caos, dice el profesor Marios Efthymiopoulos, presidente del grupo de expertos Global Strategy, con sede en Tesalónica. Los bancos colapsarían y habría que nacionalizarlos. No se podría pagar nada excepto con cupones. Sólo hay una imprenta (de moneda) en Grecia. Está en el museo de Atenas y ya no funciona, añadió.
Grecia, que no logró formar gobierno tras las fragmentadas elecciones de mayo donde un tercio de los electores rechazó a los dos partidos que pactaron el rescate y consiguiente ajuste impuesto por el FMI/UE, celebrará nuevos comicios el 17 de junio. Sondeos publicados este fin de semana vaticinan que habrá una pugna entre la conservadora Nueva Democracia (ND), quien aparece primera en en dos encuestas con entre el 23,1 y 24,4% de los votos, y la Coalición de Izquierda Radical (Syriza), que figura como ganadora en otras dos encuestas, seguida de cerca por ND.


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