Un grupo de la Facultad de Ingeniería conformado por estudiantes, docentes, egresados y becarios desarrolla artefactos a bajo costo para facilitar la comunicación de personas con discapacidad. Lo hace a través del reciclado elementos electrónicos fuera de uso
Lo más interesante es que, para desarrollar todas estas herramientas de comunicación, este grupo recicla elementos electrónicos fuera de uso, lo que generalmente se considera “chatarra electrónica”. La misión es “mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad con elementos fabricados a bajo costo”.
Mientras mostraba con orgullo los dispositivos acomodados sobre una mesa, el director del equipo de trabajo, Juan Carlos Tulli, explicó a El Atlántico cómo surgió esta iniciativa. “Un grupo de estudiantes de la escuela industrial se acercó hasta la Universidad para consultar cómo se podían crear herramientas para chicos con discapacidad”, dijo. A partir de esa inquietud, docentes, estudiantes y egresados comenzaron a trabajar en distintos elementos, una experiencia que cada vez los entusiasma más.
“Buscamos hacer dispositivos de asistencia a bajo costo con elementos que dejaron de utilizarse”, señaló Alejandro Uriz, un egresado que es miembro del equipo y becario del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas).
Parte de las creaciones surgieron en un curso que dicta el grupo destinado a terapistas ocupacionales, docentes y madres. “Vemos las necesidades que tienen las personas, las posibilidades de respuesta -los clicks, la comunicación con los ojos-. Trabajamos sobre algún movimiento voluntario de la persona para mejorarle la calidad de vida”, indicó Uriz.
Además de trabajar junto a terapistas y padres, los integrantes del equipo de comunicaciones y rehabilitación consideraron que el curso les genera “una buena retroalimentación”, ya que los asistentes sugieren otras formas de crear los artefactos o cómo perfeccionarlos. “Para nosotros es muy importante”, remarcó.
Entre los trabajos del equipo se encuentran un programa con un pececito que ayuda a que los chicos con problemas de audición puedan hablar. “El pescado sube y baja según el volumen de la voz y esquiva obstáculos o atrapa caramelos, y el chico aprende a nivelar el volumen de la voz”, explicó el ingeniero.
Otra de las creaciones es un teléfono común conectado a parlantes y un micrófono de computadora, adaptado para que se pueda atender con un botón. A través de esta simple combinación de herramientas, una persona que está en la cama sin poder moverse puede comunicarse con sus familiares fácilmente cuando ellos no están en casa.
El grupo ahora trabaja en perfeccionar un sistema para que la persona pueda comunicarse a través del movimiento de los ojos. “Entre el cerebro y el ojo se envían señales eléctricas. Levantamos esa señal y la amplificamos, pero estamos buscando que no sea algo invasivo, porque implica el uso de cables”, describieron Uriz y Tulli. También desarrollaron mouses de computadora adaptados.
“Sabemos que hay dispositivos que existen pero, por ejemplo, un tablero pictográfico que se usa para trabajar con chicos autistas cuesta mil dólares”, señaló el joven. Entonces, crearon uno con un teclado compuesto por celdas -con dibujos de una persona en el baño o comiendo- que se encienden por segundo. “El chico autista que no se puede comunicar de otra forma, cuando ve que se enciende la celda de lo que quiere hacer, la aprieta y así el terapista, la madre o la persona que lo está acompañando sabe lo que quiere”, amplió. Así, este tablero realizado con herramientas informáticas reutilizadas cuesta solo 100 pesos.
Con el objetivo de reducir los costos de los artefactos, los ingenieros de la ciudad también trabajan con un equipo para que una persona con problemas en los brazos pueda alimentarse. Según mencionó Uriz, un alimentador de estas características exportado de Estados Unidos cuesta 16 mil dólares. Y si bien las obras sociales se comprometen a facilitar el equipo, en oportunidades llega con demora.
Estos elementos no son las únicas herramientas que tienen un bajo costo para acompañar el trabajo de terapistas, fonoaudiólogas, psicopedagogos o maestros especializados. Tulli resaltó que también hay programas gratuitos de computación que se pueden aplicar y se encuentran disponibles en internet.
De acuerdo a Uriz, desarrollar este tipo de creaciones “puede llevar menos de una tarde, depende del trabajo”. “Tenemos un montón de alumnos que forman parte del grupo, los chicos se enteran y tienen ganas de participar”, remarcó. El equipo actualmente está conformado por cinco docentes, alumnos del sector comunicaciones, rehabilitación, y diez personas que trabajan en becas o en algún trabajo final.
Además, está previsto que los estudiantes de la Facultad que tienen que cumplir con las prácticas comunitarias también se sumen al grupo. “Que la sociedad y los alumnos sepan que solo con ponerse las pilas y venir a trabajar pueden hacer cosas que dan mucha satisfacción”, remarcó Uriz, quien actualmente trabaja en el desarrollo de un audífono especial, programable. “Hay más de 400 mil personas en el país con problemas de audición. El equipo sale 20 mil pesos y hoy estamos creando uno de las mismas características que tiene un costo de mil pesos”, puntualizó.
De esta manera, desde hace un tiempo los jóvenes junto a los docentes de la Facultad generan con ingenio artefactos a través de la “chatarra electrónica” reutilizable, un trabajo que realizan a todo pulmón. “Vemos qué necesidades hay y vamos trabajando, sabemos que en ciertos casos hay demanda generalizada. Tratamos de generar un dispositivo a bajo costo y que pueda mejorar la calidad de vida”, resumió Uriz.
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