El resurgimiento del accionar de grupos que estarían vinculados a la “mafia china”, movilizaron a los comerciantes asiáticos de Zárate. Si bien descartan que exista un grupo mafioso en nuestra ciudad, la preocupación y el temor parecen estar latentes.
Sin casi tener tiempo de presentarme le dije:
-Siente temor de algo?
-No de usted, respondió.
A lo que, en forma no muy desatinada casi adivino algo que era más que evidente.
-Qué quiere saber?, volvió a exclamar con cierta aspereza que se notaba al respirar. Sabía, el hombre de estatura mediana y de ojos rasgados que las repercusiones de lo sucedido unos días atrás en Capital Federal iba a tener repercusiones entre los comerciantes de origen asiático de Zárate. Y su respuesta, sentado y ya más distendido fue anunciada: “nosotros no conocemos otra forma de vivir que no sea teniendo miedo. Muchas veces la gente piensa que los supermercados “conocidos como chinos” entre los argentinos, son lugares sucios, donde no funcionan las heladeras por la noche y todo es clandestino y ronda lo ilegal”. Quien dijo llamarse Carlos, pidiéndonos disculpas por ocultar su verdadera identidad, con motivos suficientes nos dijo que “muchas veces la gente cree que cuando se muda un supermercado es porque no se pagó el alquiler y no es así. Muchas veces es por miedo. Nosotros estamos acostumbrados a vivir con miedo y nos preocupa lo que está pasando en Capital Federal. No tengo miedo por mí. Si lo tengo por mi familia”, compuesta por su esposa, siete hijos, cuatro de ellos varones y una suegra. Casi nada. “Tengo por ellos mucho miedo”, repetía casi sin parar.
Si bien nos confesó que nunca fue víctima en Zárate de algún apriete por parte de lo que se conoce como la “mafia china”, si tuvo inconvenientes en sus comienzos en el barrio de Floresta. “ahí el que no paga muere”, dijo contundente Carlos. No hay vuelta. O te cuidan o te arruinan”, disparaba con certeza y un diálogo que nos sorprendió por la fluidez que mantenía, a pesar de los problemas de fonética habituales.
“El otro día otro comerciante de Zárate me decía: Carlos, esto va a empezar de vuelta? No sé, le dije. Es difícil y es casi imposible enfrentar todos los días con esa pesada carga sobre nuestros hombros. Muchas veces pagamos para tener legalidad. Para tener documentación y estar en regla con todo. Muchas veces pagamos en nuestros países de origen para poder buscar una alternativa de vida en otro país. Estamos siempre a la defensiva. Creo que hay una mafia… Acá en Zárate estamos a salvo hasta el momento, y tenemos ganas de seguir así. Acá nos fue diferente. Y esperamos que siga siendo diferente”, concluyó pidiéndonos casi como una súplica no vincularlo de ninguna manera.
Surgimiento
Los supermercados chinos en la ciudad de Zárate desde hace tiempo forman parte de la postal de cada barrio. En la actualidad ocupan el lugar que antaño tenían los almacenes de los "gallegos", es decir, de los inmigrantes españoles, que sobre todo escapando de la Guerra Civil española, se afincaron en la Argentina para integrarse y enriquecer a nuestra sociedad. Esta presencia oriental por medio de almacenes saturó la capacidad comercial no sólo de Zárate sino de varias ciudades del conurbano bonaerense incluyendo la Capital Federal, al punto de estimarse que hay un supermercado chino cada ocho cuadras, trasladándose la apertura de tiendas al resto de la provincia de Buenos Aires y diversas Provincias del país, sobre todo del litoral.
Tamaño crecimiento del número de supermercados propiedad de ciudadanos de dicha nacionalidad alimentó diversos rumores: los dueños se beneficiarían por un tratado de inversiones de la época menemista que los exime de pagar ciertos impuestos; se-rían apoyados por el gobierno de China por medio de su embajada; serían competitivos por no respetar la legislación laboral argentina o abastecerse de mercadería adquirida a piratas del asfalto, etcétera.
Pero sobre todos estos rumores, sumados a la gran cantidad de casos policiales sin resolución protagonizados en los últimos años por ciudadanos chinos, sobrevuela la tenue certeza que en la Argentina opera una organización china de costumbres mafiosas. Y como un mantra de la realidad argentina, dicha mafia local contaría con la connivencia de altos funcionarios.
Mitos y leyenda
Se estima que en la Argentina hay más de 4.000 supermercados chinos. A tal punto se expandió la comunidad en este rubro que crearon la CASRECH (Cámara de Autoservicios y Supermercados de Residentes Chinos), entidad cuyo fin principal es asistir a los dueños de las tiendas tanto en la compra de mercadería como en problemas legales. Casualmente, tuvieron activa participación en desactivar el boicot que el Sindicato de Camioneros le aplicó a dichos supermercadistas en el 2006, a raíz de haber sido baleado el camionero Ariel Luque por el dueño de un local de Lomas de Zamora a causa de una discusión.
Quienes frecuentan como proveedores a los supermercadistas chinos, sin remordimientos de xenofobia, describen numerosas situaciones de tensión habituales en el trato que explicarían incidentes como el sufrido por el citado camionero. Debilidad argentina o no por identificar complots, sospechan que muchas veces aducen desconocer el idioma español para sacar ventajas del proveedor llegando hasta el mal trato.
Otras acusaciones apuntan a empleo en negro, explotación de empleados bolivianos o paraguayos, apagado nocturno de heladeras para ahorrar electricidad y compra de mercadería robada.
Por un lado, en los comercios chinos suelen trabajar parientes, siendo frecuente no sólo que trabajen jornadas de 14 horas como también que vivan hacinados en el mismo negocio; por otro lado, la mayoría de los dueños alquila sus negocios y frecuentemente subalquila los sectores de carnicería y verdulería.
Todo esto contribuye aún más a tener bajos costos, sumado también a no invertir en publicidad. Pero en el terreno de los mitos reina el supuesto de que los comerciantes chinos deben pagar una cuota mensual a organizaciones mafiosas de compatriotas para poder trabajar. Y allí es donde se eslabonan numerosas muertes impunes de inmigrantes chinos causadas por connacionales, que abonan el terreno para que el mito germine en realidad.
¿Cuánto cuesta vivir en Argentina?
Nueve de cada diez supermercados chinos tienen sus rejas o cortinas pintadas de color celeste o azul. Este detalle trivial se ajustaría a identificar con qué organización china local "contribuye" el dueño para poder trabajar. Otros colores usados en los pocos comercios restantes son el verde, el amarillo y el rojo.
La elevada preponderancia del celeste se correspondería con la mafia proveniente de la provincia del Sur de China continental llamada Fu Jian, de donde se estima son originarios el 80 % de los inmigrantes chinos en el mundo. El apriete por protección también es vinculado a otra maniobra urdida por esta predominante organización, consistente en traer ciudadanos chinos al país para financiarlos y establecerles un negocio cobrándoles luego una cuota mensual eterna que muchos estiman nunca baja de los U$S 2.500 mensuales. Quienes en algún momento se resisten a este pago son quienes luego alimentarían las páginas policiales de homicidios chinos en la Argentina. La Policía Federal Argentina, empero, marca numerosas dificultades para investigar dichos episodios de sangre. La mayoría de los cadáveres no son reclamados por familiares; orientales que súbitamente olvidan el idioma local y dicen no entender los interrogatorios policiales; dificultad de identificar las identidades de los occisos; etcétera.
Más la principal causa del silencio entre nacionales se adjudica a irregularidades inmigratorias, delitos en los cuales funcionarios políticos argentinos podrían llegar a tener una activa responsabilidad.
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