¿La inflación es indolora para la gente?

PorVíctor Beker ECONOMISTA, EX DIRECTOR DE ESTADISTICAS ECONOMICAS DEL INDEC. PROFESOR UB Y UBA

El Gobierno echa mano de mecanismos de compensación cada vez que el aumento de precios deja rezagado a algún sector, sin advertir que el método es como un perro que se muerde la cola y no sólo no resuelve la situación sino que la empeora.

En momentos que el gobierno nacional comienza a mostrar preocupación por el actual proceso inflacionario, es del caso preguntarse por qué el mismo no ha provocado hasta ahora mayores tensiones sociales ; más aún, el tema no ha aparecido entre los primeros problemas del país en las encuestas de opinión.

Tampoco se percibe que los aumentos de precios se reflejen en un importante descontento en los sectores que a priori deberían ser los más perjudicados: los trabajadores informales y los desocupados.

Si alguna duda quedaba, el reciente resultado electoral ha ratificado que l a cuestión inflacionaria no estaba entre las principales preocupaciones de la población. ¿Por qué? Es cierto que en el inconsciente colectivo perduran los dolorosos recuerdos de la implosión de la convertibilidad y su secuela de desempleo, pobreza e indigencia. En ese sentido es claro que hay una decisiva preferencia por la combinación empleo + inflación frente a la temida desempleo + estabilidad.

No es éste el lugar para explicar que esta antinomia es totalmente falsa y que la verdadera alternativa hoy es estabilidad + crecimiento vs. inflación + estancamiento (estanflación).

Pero sí es evidente que este proceso de incremento sostenido de precios tiene alguna particularidad que lo hace especialmente indoloro , hasta el presente, para la sociedad en general y para los sectores más desventajados de ella en particular.

La respuesta estriba en que, hasta ahora, toda vez que los incrementos de precios dejan rezagado a algún sector de la sociedad, éste ha recibido una compensación que recompuso su situación.

Así, las últimas negociaciones paritarias han significado incrementos salariales que fueron iguales o superiores a la tasa de inflación, se ha venido aumentando el salario mínimo y vital, se actualizan semestralmente los haberes jubilatorios, se estableció la asignación universal por hijo para los hogares de trabajadores desocupados y para los que no acceden al mercado laboral formal y se ha procedido a su actualización, etcétera.

Ello no significa que se haya descubierto la fórmula para la felicidad colectiva.

Todos estos mecanismos de compensación – ya sea porque incrementan costos o porque generan déficit fiscal – actúan acelerando la inflación.

Es como un perro que se muerde la cola girando a velocidad creciente . Es lo que perciben quienes en número creciente hoy pujan por convertir en dólares sus ahorros antes que el dólar se suba a la calesita.

Sin embargo, mientras ningún sector permanece postergado sine die, la inflación resulta socialmente tolerable.

Por otra parte, este mecanismo ha posibilitado al poder político asumir el rol del gran árbitro de la distribución del ingreso . Es el encargado de autorizar los incrementos de precios, de laudar los aumentos salariales, de otorgar o quitar los distintos tipos de subsidios a las empresas de servicios públicos o de conceder nuevas prestaciones sociales.

De este modo, el poder político actúa según señala el modelo bonapartista . Como es sabido, fue Carlos Marx quien introdujo dicha denominación para caracterizar el gobierno del II Imperio bajo Napoleón III. “Bonaparte quisiera aparecer como el bienhechor patriarcal de todas las clases¨, decía dicho autor, refiriéndose al papel de árbitro de última instancia que se reservaba el Emperador.

Dado que este mecanismo impulsa tarde o temprano la tasa de inflación hacia arriba , la gran incógnita es saber cuál es el techo de incremento de precios socialmente soportable en la Argentina actual.

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