Inflación sí, devaluación no

Por Jorge Oviedo

La inesperada prohibición del secretario de Comercio, Guillermo Moreno, de que se sigan importando alimentos que compiten con la producción local no parece más que el producto de otro hecho inesperado: el agravamiento del conflicto con el sindicato de la alimentación, que mantiene paralizadas varias plantas. La Federación de Trabajadores de la Industria de la Alimentación dio por rotas las negociaciones y fue al paro. El reclamo de incrementos, según los empresarios, alcanza el 44%.

"Es una locura, hemos ofrecido el 26% en dos cuotas, pero ni siquiera se sentaron a negociar; han incumplido tres conciliaciones obligatorias, no hay forma de encauzar las cosas. El Ministerio de Trabajo no pudo y las conducciones gremiales parecen desbordadas por los segmentos radicalizados", dijo un ejecutivo.

La sorpresa no es poca porque gremios habitualmente más duros, como la UOM, han cerrado acuerdos de aumentos con un máximo apenas superior al 26 por ciento; nadie parecía esperar que fuera el de la alimentación el proceso de actualización salarial más conflictivo.

Varios ejecutivos explicaron además que la posibilidad de trasladar a precios los aumentos de costos está limitada. En los alimentos de consumo popular tendría el perverso efecto de "comerse" la mejora para los menos pudientes que significan aportes como la asignación universal por hijo.

En el otro extremo, con inflación y dólar quieto, muchos productos premium de producción nacional comienzan a aparecer en las góndolas con precios similares a los de los importados. Pastas, aceites de oliva, pescados y mariscos de otros países ya compiten con ventaja en las góndolas de productos de mayor calidad.

El mensaje de Moreno a las productoras de alimentos dicen que fue: "Den los aumentos para desactivar el conflicto, mantengan lo más posible los precios de los productos populares y suban todo lo que quieran los de alta gama. De sacarles la competencia importada me ocupo yo". Sería por esa razón, dicen los informantes, que la prohibición de vender importados impuesta a los supermercadistas incluye sólo a los que tienen una contraparte que se produce localmente.

Aparentemente, no habría problemas en que se siguieran vendiendo diferentes variedades de café, palmitos y delicatessen que en la Argentina no se elaboran por diferentes limitaciones. Pero deberían desaparecer los jamones españoles, los aceites de oliva, las pastas italianas y los quesos franceses.

"La buena noticia es que el Gobierno no piensa devaluar para mantener la competitividad, porque teme el traslado a inflación", dijo otro empresario. Aunque hay quienes piensan que el Ejecutivo quiere por todos los medios desactivar posibles escaladas de grupos de izquierda, como las que hubo cuando los obreros de Kraft coordinaron acciones con sectores de la FUBA e incluso aparecieron en las asambleas de los estudiantes que habían tomado el Colegio Nacional de Buenos Aires. Ayer, la medida de fuerza de la FTIA coincidió con un endurecimiento de las medidas de fuerza de los grupos opuestos a la conducción de la UTA en el subte. Moreno tiene otra tarea difícil.

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