Bajó la inflación en Brasil, pero para Dilma aún es alta

El gobierno brasileño, los financistas y empresarios festejaron ayer la desaceleración inflacionaria. Venía en una curva ascendente que amenazaba sobrepasar las metas del año. Pero en octubre el alza (0,43%) fue menor que la de septiembre (0,53%). Para el grueso de los economistas, la presidenta Dilma Rousseff consiguió colocar los precios en caja de modo que su aumento no superará el tope de 6,3% previsto a principio de año.

Lo que permitió mantener bajo control el índice minorista fue el ritmo inflacionario decreciente de alimentos, bebidas y transportes. Fue esto lo que bajó de 7,31 a 6,97% el acumulado del indicador para los últimos doce meses. Este valor es el utilizado por el Banco Central para su política de tasas de interés. Con este resultado, el equipo económico brasileño ya se anima a hablar de una nueva reducción de medio punto.

Ambos elementos son parte esencial del modelo económico elegido por Dilma: bajar las expectativas inflacionarias como forma, también, de reducir el interés y facilitar la financiación de los sectores productivos. Esa línea de acción preventiva contra la crisis privilegia ampliar la oferta de bienes y favorecer un aumento de la competitividad antes que dar un mayor incentivo al consumo.

Los analistas subrayan el hecho de que la reacomodamiento del tipo de cambio no haya presionado sobre los precios. “Es una buena noticia si se considera que el cambio no influyó pese a que en octubre todavía había una demanda acalorada”. El Banco Central brasileño indicó que la inflación perderá todavía más fuerza en noviembre y diciembre, con lo cual la institución estará en condiciones de anunciar que mantuvo la evolución de los precios dentro de las metas que fijó a fines de 2010. Considera, también, que en 2012 se conseguirán números aún mejores, lo que permitiría un mayor aflojamiento monetario (es decir, una reducción más profunda de la tasa de interés).

Según la entidad, esta tendencia decreciente de la inflación justifica las decisiones adoptadas la víspera para aliviar el apriete en los créditos de los bancos para sus clientes. Un conjunto de reglas que limitaban los préstamos a personas físicas desde enero fueron eliminadas para evitar –según se dijo– una caída demasiado fuerte de la economía en 2012. Una de las normas fue la de financiación de compra de autos. Ya no habrá limitaciones para otorgar créditos de hasta 60 meses sin entrada. También creó las condiciones para que los bancos flexibilicen préstamos entre 24 y 36 meses. Se trata de abaratar los préstamos a plazos relativamente cortos, utilizados por lo general para la compra de bienes de consumo durables como electrodomésticos.

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