La pérdida de poder adquisitivo que impacta en los bolsillos de los trabajadores ha llegado a un punto tal, que en pocos años, modificó el comportamiento en el consumo de los formoseños
Además, la inflación dinamizó la movilidad de precios de muchos rubros sensibles al gasto, es decir, que impulsan a su vez otras subas, como incrementos en combustibles, para el transporte, o harinas y aditivos para panificados. Con este panorama, cada vez más productos, servicios y gastos extra como agregar una habitación a la casa o pintarla, o de entretenimiento, conforman el gran universo al que el grueso de la población ya no puede acceder.
Antes, el aguinaldo, en sus dos pagos anuales, aportaba el dinero extra para una pequeña construcción, ampliación, refacción de la casa, o bien para la compra de indumentaria para la familia, ropa y calzado. Sin embargo, hoy este dinero sirve a muchas familias para “tapar agujeros”, pagando cuentas que escapan al poder de pago del mismísimo salario mensual, o bien cuotas atrasadas de algún bien (electrodoméstico) que se compró a crédito y en largo plazo, único modo de compra de muchas familias ante la imposibilidad de adquirir al contado ciertos bienes de hogar de tremenda utilidad (lavarropas, cocina, colchón, ventilador, etc.).
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