La Infantería recuperó el control de la ruta y terminó el piquete en Caleta

Tras haberse convertido durante cinco días consecutivos en propietarios de la ruta, los desocupados de la construcción accedieron ayer por la tarde a liberar el acceso norte a esta ciudad porque esa era la condición que le habían impuesto autoridades provinciales y municipales para cualquier tipo de negociación. Pero apenas se desplazaron hacia las banquinas, irrumpieron efectivos del cuerpo de Infantería para asegurar que no haya más cortes y los obligaron a alejarse de lugar.
El fiscal federal Norberto Bellver ya había girado el miércoles desde Comodoro Rivadavia a la Unidad Regional Zona Norte de la Policía de Santa Cruz, la orden de desalojo de la ruta 3.

Sin embargo, su puesta en práctica no fue inmediata, ya sea porque se esperaban refuerzos de fuerzas especiales que debían llegar desde Río Gallegos o bien porque se presumía una salida negociada al conflicto, además de otras especulaciones políticas que se hicieron en torno a este piquete que causó serios trastornos a miles de personas y millonarias pérdidas a empresas y comercios.

Lo concreto es que, de acuerdo a informes recabados por Diario Patagónico en fuentes confiables, si bien la policía iba a proceder de una manera u otra a expulsar a los manifestantes del camino atestado de camiones, micros y automóviles durante cinco días, buscó la mejor estrategia para evitar lo que se presumía un choque frontal con los piqueteros, de impredecibles consecuencias.

Por ello buscó el momento en que los desocupados de la UOCRA dejaran nuevamente libre la ruta -en forma temporaria- para irrumpir a toda carrera en el escenario del conflicto. Este momento llegó ayer exactamente a las 15:05 cuando los piqueteros apuntalados por la dirigencia del gremio que encabeza Américo Palma, se corrieron hacia las banquinas ya que era la condición que le habían impuesto autoridades provinciales y municipales para establecer cualquier tipo de negociación por puestos laborales a quienes en su mayoría cuentan con subsidios por un valor de 2.500 pesos mensuales y exigían elevarlos a 3.000.

DOS BALAZOS Y ALGUNAS PIEDRAS

Apenas había comenzado a movilizarse la flota de camiones y colectivos que estaba varada en ambos sentidos desde las 18 del jueves, los efectivos antimotines, fuertemente pertrechados, ingresaron a toda carrera bajando desde la playa de tanques de Termap y se plantaron en la playa de estacionamiento de la estación de servicios "San Carlos".

Fue en ese momento cuando un minúsculo grupo de desocupados le arrojaron algunas piedras y como respuesta se escucharon no más de dos detonaciones de itakas cargadas con postas o balas de goma, aunque los disparos se hicieron al aire como medida de disuasión.

Uno de los líderes de los manifestantes ordenó a sus compañeros que se replegaran e intentó afanosamente entablar diálogo con los jefes del operativo, en tanto que también llegaba al lugar el dirigente Américo Palma, quien pareció verse sobrepasado por los sucesos.

La orden imperativa que les transmitieron los oficiales del operativo era que se retiraran de la zona y tras algunos cabildeos y discusiones en urgente e improvisada asamblea, los piqueteros accedieron a alejarse, algunos de los cuales lo hicieron en auto, otros en motos y un cuatriciclo, pero la mayoría se alejó a pie, en dirección a la zona urbana.

Mientras eran vigilados atentamente por las fuerzas especiales de aproximadamente medio centenar de efectivos, tanto de Caleta como de Río Gallegos, los manifestantes exteriorizaron algunos insultos, pero la retirada se produjo sin ningún tipo de incidente físico.

MOLOTOV

Antes de alejarse, varios de los desocupados dijeron a este medio que les habían tendido "una cama" y pidieron que se atribuya a ellos y no a la policía la liberación de la ruta.

Luego, cuando los uniformados revisaron el sitio donde habían acampado durante cinco días (tres noches), hallaron entre los desperdicios al menos una docena de envases de plástico y vidrio conteniendo combustible y una mecha de trapo, los que se constituyen en bombas molotov.

Para la policía, ello daba la pauta de que los piqueteros estaban dispuestos a repeler cualquier operativo, aunque no alcanzaron a hacerlo porque fueron tomados de sorpresa y abandonaron las molotov a lo largo de una extensa zanja que corre paralela a la ruta.

Anoche, al cierre de esta edición, a pesar de las amenazas proferidas, los desocupados no volvieron a la ruta, ya que además había quedado una custodia policial para evitar que ello sucediera.

Comentá la nota