Por Ricardo RoaEs desgarrador el testimonio de la madre del joven asesinado en Lanús: “Siempre vi cómo otras madres sufrían, ahora me tocó a mí ”. Es desgarrador pero desdichadamente no es novedoso.
No hay nada que descubrir en el drama de la inseguridad. El cóctel es bien conocido: marginación social creciente, abandono del espacio público por parte de la Policía e ineficacia de la Justicia.
Y en medio de todo la droga, que se extiende en bolsones de pobreza donde la vida no vale nada . Como Alex, uno puede dejarse robar pero nada garantiza que no termine con un balazo en el cuerpo. Cada vez es más común el salvaje matar por matar.
El Estado perdió su poder de disuasión frente a la delincuencia. Si se comete un delito, la posibilidad de ir preso es mínima y eso lo saben los delincuentes. Los jueces esclarecen menos que poco y algunos, incluso, dejan en libertad con ligereza a criminales que vuelven a robar y matar. El número de sentencias es absurdamente bajo y el de reincidentes absurdamente alto.
La política del Gobierno consiste, básicamente, en purgar jefes policiales y correr agentes de un lado a otro, según el lugar y el impacto mediático de los delitos. Durante años no habló de seguridad porque decía que era un tema de la derecha. Hay justificaciones que son injustificables. “Se ensañaron conmigo cuando les dije que era Madre de Plaza de Mayo”, contó Nora Centeno luego de la brutal paliza que sufrió el lunes.
Ese mismo día, entraban a los tiros en la casa de Baby Etchecopar, a quien muchos han apoyado y otros criticado, por tener armas y usarlas. Otro debate que tampoco es novedoso. Pero si hay algo que propicia la privatización de la seguridad, es la ausencia y la retirada del Estado.
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