Es una de las principales consideraciones vertidas por un documento confeccionado por la Universidad Católica Argentina. De acuerdo a las variables analizadas, se destacan que el país no pudo mantener un nivel de crecimiento sustentable durante el último año. Hábitat, salud y desarrollo económico, los ejes.
En tal sentido, la Universidad Católica Argentina confeccionó recientemente su habitual "Barómetro de la Deuda Social. Progresos destacados y desigualdades estructurales del desarrollo humano y social en la Argentina urbana 2004-2009", que es un análisis amplio de una variada serie de indicadores sobre la situación de bienestar social y económico que afecta a los hogares argentinos. El propósito del informe se basó en poder caracterizar si el modelo socio-económico que se desplegó entre el año 2002 hasta la actualidad pudo revertir algunos de los aspectos que había dejado la peor crisis económica de la historia nacional y si el nuevo esquema pudo compatibilizar crecimiento económico e incremento de la equidad social.
En declive
Para ello, se realizó una codificación de datos que se enfocaron en la medición de aspectos relacionados con tres dimensiones: El hábitat, la salud y la situación económica de los hogares. Al respecto, la UCA sostiene que "entre 2004 y 2007 se produjo una reducción de la brecha entre los hogares que más y menos tenían, sin embargo, a partir del año 2008 la brecha de los indicadores entre los estratos socio-económicos extremos volvió a ensancharse. Esta visión crítica se acentúa cuando se aprecia que el principal impacto de la crisis la recibieron los hogares más pobres y no así las familias del estrato socioeconómico medio alto. Por ser indicadores directamente asociados con el ingreso, todos ellos fueron afectados de diferente modo por la aceleración inflacionaria a partir del año 2007 y por la paralización en lo que hace a la creación de empleo pleno".
Al momento de la desagregación de los datos analizados en torno de la categoría "Hábitat", surgen las siguientes consideraciones: el déficit de acceso simultáneo a los tres servicios básicos (agua corriente, gas natural por red y tendido eléctrico) afecta fundamentalmente al 25 por ciento más pobre de la población. Aun cuando se evidenció un progreso en la situación de los hogares del estrato muy bajo entre 2004 (72,4 por ciento de déficit) y 2009 (59), debe destacarse que tras varios años de crecimiento económico a tasas del 9 por ciento promedio, para estos sectores se produjo una reducción del déficit de tan sólo un 13,4 por ciento El déficit de acceso a los tres servicios básicos ha sido bajo y estable en el caso de las familias del estrato medio alto.
En lo que respecta al hacinamiento -hogares con tres o más personas por cuarto habitable- se aprecia una mejora entre 2004 (11 por ciento) y 2007 (7,8), con un ligero empeoramiento durante los últimos años de la serie. Sin embrago, el porcentaje de unidades con déficit severo se redujo tan sólo en dos puntos porcentuales a lo largo de los seis años de los que da cuenta esta serie (del 16,7 al 14,6). Por su parte, los hogares con déficit moderado redujeron su peso en el conjunto del 34,1 por ciento en 2004 al 29,4 en 2009, lo que indica que las mejoras en cuanto a las condiciones de habitabilidad se dieron para las viviendas que no estaban en las peores condiciones.
Además, si el enfoque se establece en las viviendas ubicadas en villas o asentamientos, en 2004 cerca del 37 por ciento se encontraba en una situación de hacinamiento, porcentaje que descendió al 17,9 en 2007. Sin embargo, en el último bienio de la serie el indicador volvió a incrementarse considerablemente en este tipo de asentamientos, superando la barrera del 30 por ciento, lo que puede estar vinculado con el incremento en el flujo migratorio interno de los últimos años de la década.
Recortes en gastos
Ahora bien, en cuanto al ítem de la "Situación económica" se destaca que durante 2009 un 38,1 por ciento de los hogares aludía que el ingreso monetario no les rendía. Relacionado a ello, se aprecia que en el primer año de la muestra cerca del 60,1 por ciento de los hogares urbanos debió realizar ajustes en la compra de alimentos, tendencia que se redujo en 2007 al 35 por ciento, pero, en el último año el nivel volvió a incrementarse hasta llegar al 41,5 por ciento lo que, nuevamente, da cuenta de un empeoramiento de la condición económica de los hogares a finales de la primera década del siglo.
Asimismo, los datos recabados detallan que mientras en 2004, el 73 por ciento de los hogares del estrato muy bajo se veía en la necesidad de realizar recortes en el campo de la atención a la salud, la mejor situación para este grupo se alcanzó en 2008 cuando el indicador se ubicó en el 31,1 por ciento. Finalmente, en 2009, la cantidad de hogares en el estrato muy bajo que se vieron en la necesidad de realizar este tipo de ajuste se incrementó considerablemente, llegando al 43 por ciento.
En cuanto a los recortes en actividades recreativas y de esparcimiento, en 2008 sólo el 38,6 por ciento de los hogares tuvieron que recurrir a ello, un año después tal indicador subió abruptamente hasta posicionarse en el 58,6 por ciento.
Finalmente, en lo que respecta al indicador que refleja los niveles de riesgo alimentario (da cuenta del porcentaje de hogares en los que al menos un miembro experimentó hambre) mientras que en el comienzo de la serie analizada el 30,6 por ciento presentaba este problema, en 2008 el descenso se registró hasta los 12,4 puntos porcentuales. Contrariamente, la tendencia favorable se revirtió, lo que produjo que en 2009 el 15,9 por ciento de las familias urbanas del país se encontrara en una situación de riesgo alimentario.
Sin contención social
Ante el panorama descripto, la UCA sostiene que en el seno de una porción importante de los hogares urbanos del país, los años de crecimiento no pudieron generar una masa crítica y condiciones de autonomía que permitan separar el bienestar del hogar con respecto a los ciclos económicos fluctuantes que atraviesa habitualmente nuestro país. "Todo parecería indicar que desde las políticas públicas no se lograron instrumentar mecanismos y redes de contención social suficientemente extendidas como para sostener a los sectores más vulnerables en períodos de retracción económica".
A su vez, la institución estipula que sólo aquellos que accedan a un empleo formal podrán contar con beneficios sociales, "mientras que el resto de las personas dependerá de las erráticas políticas que se instrumenten desde los ministerios de Desarrollo Social y Salud". Por lo que "las diferencias e inequidades estructurales en nuestro país siguen vigentes y no se han modificado sustancialmente. En esta línea, la desaceleración económica experimentada por el país en 2008 y el estancamiento en 2009 afectaron principalmente a los sectores más vulnerables", concluye.
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