Industria de punta

Nuestro suelo pampeano nos brinda inventos que años atrás resultarían impensables. Las creaciones son producto de artífices, seres que con su esfuerzo, ganas y paciencia atraviesan un largo tiempo, dentro de un espacio de cuatro paredes, para mejorar o simplificar las horas de la cotidianeidad. Sin embargo, no sólo la intención vale a la hora de conformar un trabajo determinado, sino también la convicción, la idea de progresar más allá de los crudos vientos que obstaculizan los caminos.
Uno de los contextos más relevantes de la capital pampeana es el Parque Industrial. Allí, en un galpón de chapas rojo vivo, se ubica un modesto lugar con máquinas de gran tamaño en su interior, planos, y pedazos de automóviles. Para el inconsciente popular, resultaría imposible que manos humanas, ayudadas por esas máquinas, fabricaran esas autopartes. Pero lo imposible no es un desafío para Carlos Alí, un industrial de 48 años que fabrica autopartes que luego

vende a todo el país.

Alí nació el 15 de octubre de 1962 en Victorica. Su padre era inmigrante italiano y toda su vida se dedicó a la construcción, mientras que su madre fue una ama de casa al servicio de la familia. Carlos cursó sus estudios primarios y secundarios en su pueblo.

En su adolescencia, a los 17 años, el muchacho se fue a vivir a Capital Federal donde intentó ingresar a la Escuela Náutica. Con modestia, dice que no pudo entrar a esta escuela porque debía aprobar el examen de ingreso y no le fue bien. "Por esta razón, hace 20 años, me vine a vivir a Santa Rosa, donde estaban mis padres, y desde ese momento surgió la iniciativa de vender autopartes", dice.

De abajo.

Alí, sabe que empezar de abajo es una condición de la realidad. Lo sabe muy bien y lo detalla en cada una de las palabras que expresa con claridad. "En ese momento, se me ocurrió poner un comercio de venta de autopartes de autos porque tuve una experiencia. Tenía un Citroen, mi primer vehículo, al que debía cambiar una puerta por lo que viajé a Capital Federal. En La Pampa me cobraban 145 pesos este trabajo y en Buenos Aires 72. No podía creer la diferencia de precios, mi cabeza empezó a carburar y pensé que este era un buen rubro para trabajar en mi provincia", remarca.

Carlos se proveyó de sus primeras autopartes de la ciudad capital y, "sin tener mucho conocimiento", abrió un negocio

en el comedor de la casa de sus padres, sobre la calle Tucumán, para empezar a construir su historia.

"Al principio fue durísimo, pero todo se fue dando de a poco, con mucha gana, constancia y empuje. Actualmente, tengo dos comercios de venta de autopartes, donde vendemos todo lo que ve de afuera de un auto, como por ejemplo zócalos, parabrisas, vidrios de puertas, tapas de baúl y rejillas, como así también artículos de tapicería, entre otros", explica.

El objetivo de explorar nuevas condiciones, propias y ajenas, fue un impulso para Carlos y su afán de seguir adelante.

El trabajador anticipa que siempre tuvo la "idea latente" de fabricar, él mismo, las autopartes de los autos. Por esta razón, hace cuatro años, presentó un proyecto ante las autoridades del Gobierno provincial. "Por suerte, les gustó la iniciativa, me tuvieron en cuenta, y con el paso del tiempo me otorgaron este galpón en el Parque Industrial", resalta. Alí, hace un año y medio, que trabaja de lunes a lunes, en horarios prácticamente corridos, en ese pequeño lugar. "Una vez que tuve el galpón, realicé la instalación eléctrica, el cerco, por lo que me llevó tiempo y dinero armar todo esto", grafica.

Ingeniería.

El trabajo de Carlos, y el operario que lo acompaña, se resume en un proceso denominado - por Alí - "Ingeniería Inversa". Los trabajadores "partimos de una pieza hecha, una autoparte determinada, la mandamos a lugares específicos de Capital Federal donde realizan el escaneo y digitalización de ese material", detalla. Y agrega: "Luego, realizamos un 3D, es decir un proceso informático determinado, para diseñar el molde". Con el acero o el aluminio, con aleaciones especiales, como materia prima, Alí coloca estos elementos, basado en el molde fabricado anteriormente, en el Centro Mecanizado, una máquina, única en La Pampa, y con origen en Estados Unidos.

"Armamos la matriz, terminados la pieza, que después derivamos a Buenos Aires para inyectarla de polipropileno y de esta manera cerrar el círculo", afirma. De esta forma, y con este proceso que demanda alrededor de un mes y medio, Carlos fabrica la autoparte que luego vende a los dos distribuidores más grandes del país: uno ubicado en Córdoba y el otro en Buenos Aires.

El industrial sostiene que arman, en principio, piezas plásticas de tamaño chico, y que los precios oscilan entre los 30 pesos (la pieza más cara) hasta cinco pesos la más barata.

Al final de la entrevista, y tras una explicación detallada de cada proceso de trabajo, Alí finaliza que, hasta el momento, lleva realizada siete matrices y que su objetivo es llegar a las diez antes de fin de año. Una fiel representación de su espíritu inagotable por romper las fronteras de lo posible e ir más allá de su propio destino.

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