Lo señala un estudio que compara la participación relativa de las áreas en el PBG. Más allá del crecimiento de la economía, los sectores agropecuario, minero, comercial y de servicios se destacan en detrimento del manufacturero.
En los últimos años, los sectores industriales han perdido participación relativa en el PBG hasta 2011 (último dato disponible) mientras que han sido el agropecuario, el minero y el comercial los rubros que ganaron espacio. En consonancia, un análisis realizado por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) muestra que la estructura del PBI argentino a precios constantes de 1993 es casi la misma en la actualidad que en aquella década. En dicho informe, la industria nacional también viene ocupando un lugar menor en relación a otros sectores.
El trabajo de A+C muestra, además, que la participación sectorial en el Producto Bruto entre sectores transables y no transables es exactamente igual en 2011 de lo que lo era en 1991, cuando recién comenzaba a aplicarse el modelo neoliberal de Carlos Menem. En ambos períodos, la participación de los transables (bienes que se pueden vender en el exterior) es del 57% y la de los no transables (servicios, productos destinados al mercado interno) del 43%.
Aunque el crecimiento de la industria a menor ritmo que el área de servicios es una tendencia mundial, el tipo de cambio real, la inflación y la baja industrialización de la economía hacen que Mendoza no agregue demasiado valor a lo que produce.
De este modo, algunos economistas observan la inexistencia de políticas macro destinadas a modificar la matriz productiva. Sin embargo, desde el Ministerio de Agroindustria y Tecnología de Mendoza destacan que, según datos de la DEIE, entre 1991 y 2003 el valor agregado de la industria creció un 25%, tres puntos menos que el aumento que hubo en el mismo rubro entre 2003 y 2010 (ver aparte).
Piedras y campos
Entre 1991 y 2011 creció de manera importante la participación en el PBG de los sectores agropecuario y minero así como los relacionados con el comercio minorista y mayorista junto con la venta de autos (ver gráfico). A pesar de su parate actual, la construcción es otro sector que se potenció y que ocupa una parte importante en la composición del Producto Bruto de Mendoza.
En contraposición -siempre según el estudio de Trapé- en 2011 cayó notablemente la participación en el sector industrial en general así como en la refinación de petróleo. El área de servicios financieros (un sector sumamente beneficiado por las políticas de los ’90) también bajó considerablemente.
“Aunque aún no hay datos definitivos para Mendoza y los últimos son del año pasado, se percibe una baja en la industrialización, aun en el marco actual de sustitución de importaciones”, explicó Trapé. Agregó que durante los ’90 la industria cayó pero luego, y a pesar de la devaluación de 2002, la baja continuó ya no por un tipo de cambio fijo y una apertura irrestricta de la economía, sino por falta de inversiones en medio de una importante salida de capitales.
En este sentido, el especialista en temas económicos Sergio Papi expresó que él mismo también había analizado hace unos años cierta reprimarización de la economía mendocina. “El trabajo de Trapé lo ratifica: ganó terreno el sector agropecuario y de minería a costa del sector industrial”, observó Papi.
Agregó que, más allá del discurso del modelo de inclusión con industrialización por sustitución de importaciones, la realidad demuestra que el sector industrial no ganó terreno y que más bien lo perdió en algunos sectores. “Uno de los dinamizadores de la economía provincial ha sido el turismo favorecido por la devaluación”, comentó Papi.
Para él, estas tendencias son estructurales y no coyunturales, debido a que el modelo vigente es “extractivista”. Desde su punto de vista, se espera que sigan ganando terreno los sectores vinculados a la minería, el petróleo y al agropecuario. Solo podría haber cierto crecimiento del sector industrial ligado a estas áreas donde generalmente se incorpora escaso valor agregado y, como consecuencia de esto, no se genera una gran demanda de mano de obra.
En este sentido, el responsable de A+C explicó que la baja en la industrialización se da aun en el marco de sustitución de importaciones, porque ésta es incompleta y no está bien organizada. Antes de las restricciones para ingresar productos foráneos, cuando desaparecieron los efectos de la devaluación (algo que siempre pasa con las mega devaluaciones) y cuando el tipo de cambio real quedó nuevamente bajo, “nos encontramos con que la industria no aprovechó ese lapso (2003/2007) para invertir o modernizarse”, subrayó Trapé.
Para el economista Daniel Garro, con una visión más liberal de la economía, el problema no pasa por la desindustrialización o no de una región, sino más bien porque “las políticas económicas, sin excepción, distorsionan los precios relativos de una economía, lo cual deriva en que los actuantes económicos en el mercado tomen decisiones diferentes a las que habrían tomado con precios no tergiversados o regidos solamente por el mercado”.
Paridad cambiaria
La participación de los bienes transables y no transables en el PBG es igual en 1991 y en 2011. En tanto, en 2007 los transables se llevaban el 62% del Producto Bruto. Sucede que la intervención de transables y no transables depende mucho del tipo de cambio real. Esa variable, según también muestra el estudio de la consultora A+C, está en el mismo valor que al final de la convertibilidad.
“Por eso las participaciones de ambos grupos empiezan a ‘parecerse’ a los ’90”, especificó Trapé. El economista comentó que las políticas económicas implementadas son diferentes, pero ambas llevan esa variable hacia el mismo lugar. En los ’90 hubo un tipo de cambio nominal fijo (por la convertibilidad) y muy baja inflación; después de 2002 se devaluó la moneda pero la inflación fue más fuerte aún.
En la década menemista, los sectores transables sufrían por un dólar fijo pero ahora, que esta variable se mueve, la inflación y los costos lo hacen aún más rápido. “Por vías distintas, se observan similares consecuencias en la rentabilidad sobre sectores enfocados en el mercado externo”, precisó Trapé.
Para el economista Sebastián Laza, no sólo se perdió el impulso exportador que hubo hasta 2007, sino que el problema del atraso cambiario es grave y es el talón de Aquiles del actual modelo económico.
A medida que se retrasa la devaluación, el sector de no transables gana participación. Para Sergio Papi, esto no es necesariamente malo o bueno en sí, al mismo tiempo que pide no olvidar que las devaluaciones afectan siempre a los sectores más empobrecidos (por la pérdida del poder adquisitivo de sus ingresos).
Desde el punto de vista de Jorge Day, economista del Ieral, Fundación Mediterránea, es preocupante el dólar barato y la sustitución de importaciones por el cierre de la economía debido a que el mercado se achica y se vuelve menos exigente. “Mendoza tiene ventajas en recursos naturales y debería enfocarse en eso, así como en la metalmecánica apuntada a esa industria”, opinó.

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