Otra vez la Sala 2 de la Cámara de Apelaciones en lo Penal. Ahora liberó a un asesino confeso, aduciendo que su declaración no tenía valor: habría pasado demasiadas horas en la comisaría. Encima, apartó al fiscal diciendo que su actuación había sido parcial. La comunidad de Balcarce arde de indignación.
Una joven de 18 años, Melina Briz, desapareció el 10 de febrero último en la ciudad de Balcarce. Preocupada, su madre radicó una denuncia policial dos días después, y allí dio referencias de quiénes eran los allegados a la joven, que podían ser entrevistados en el marco de una averiguación de paradero.
Entre estas personas se encontraba Ariel Troncoso, de unos 40 años. Aunque la familia no supo que estaba manteniendo una relación sentimental con Melina, ahora se había enterado por las amigas de la chica, por ellas habían conseguido su número de teléfono, y los datos del vehículo en el que se movilizaba.
Por supuesto que la policía comenzó a realizar su trabajo según el protocolo previsto, y todas las personas cercanas a la víctima prestaron declaración al día siguiente. Entre ellos Ariel Troncoso, y también su hermano Juan Carlos, quien ya en ese momento ofreció el celular de Ariel y su chip afirmando que quedaban en manos de su abogado: se trataba – cuándo no- de César Sivo.
La fiscalía interviniente, a cargo de Rodolfo Moure, solicitó una orden de allanamiento para el domicilio de Troncoso, así como de registro para su automóvil, es decir que hasta el momento todo transcurría de acuerdo a los pasos previstos.
Mientras estas acciones se realizaban, Troncoso permanecía presente, quizá como una forma de demostrar interés por lo acontecido con su novia. Quizá con otra motivación. Lo cierto es que se quedó en la comisaría de Balcarce por unas 16 horas, pero no privado de su libertad ni en calidad de sospechoso, sino como uno más de los testigos que brindaban información.
En un momento imprevisto, Ariel Troncoso rompió en llanto, y en presencia del segundo jefe departamental, comisario inspector Eduardo Perique, y de otros policías, abrazó a su hermano Juan Carlos y afirmó: “me mandé una macana con Melina”.
Por supuesto que la policía sabe con los bueyes que ara, y de inmediato el comisario Martín Luna llamó por teléfono al fiscal Moure, que se apersonó en la seccional. A su llegada, ya estaba allí el defensor oficial Eduardo Carmona, que debió interrumpir su licencia para hacerse cargo de la grave situación.
Moure determinó recién entonces la detención de Troncoso por razones de urgencia, por el delito de homicidio, como así también que se reciba la declaración testimonial de todos aquellos que estaban presentes en el momento en que Troncoso se había quebrado. Entre ellos, tres funcionarios de la policía.
Eran las cuatro de la mañana del 14, cuando Troncoso pasó a estar detenido. Hasta ese momento había entrado y salido de la comisaría las veces que había querido, a la vez que les preguntaba a los familiares si había alguna novedad de Melina.
Coacción
A las pocas horas, el peor de los finales: apareció el cuerpo sin vida de Melina en un camino vecinal que conduce a Mechongué. Troncoso se negaba a declarar ante la fiscalía.
Inmediatamente, su abogado defensor presentó la excusa de la “coacción inherente”: dijo que su defendido había permanecido demasiadas horas en la seccional, y por lo tanto su declaración, carecía de legalidad. Recordó que nadie está obligado a autoincriminarse, y que a Ariel no se le habían leído sus derechos, además de que no estaba su abogado para asistirlo al momento de la confesión.
En primera instancia, el juez de garantías no atendió estos reclamos, que a cualquiera le hubieran resultado descabellados ante un asesino confeso. Pero Sivo siguió adelante y fue hasta la Cámara de Apelaciones a plantear ante la Sala 2 -sí, la integrada por los jueces Marcelo Madina y Walter Dominella- a lograr la nulidad a partir de cuestionar la elaboración de un acta, en la que simplemente se dejó constancia del momento en que Troncoso rompió en llanto.
La Cámara de Apelaciones hizo lugar al reclamo y respaldó la figura de la coacción: afirmó que el ahora imputado no había prestado declaración legalmente, y que a todas luces había sido coaccionado psicológicamente para hacerse cargo del crimen de su novia, simplemente con la presencia policial permanente, lo cual parece que se inscribe en una figura llamada coacción inherente.
A partir de allí se iniciarían sumarios administrativos a los policías presentes cuando Troncoso confesó, además de una sanción al defensor oficial por haber trabajado cuando estaba de licencia. En el mismo dictamen, la Cámara apartaba de la causa al fiscal Moure, porque a su juicio se encontraba totalmente probada su parcialidad: insinúa que en su apuro por resolver el caso, entró en connivencia con el defensor oficial para encubrir el mal accionar de la policía.
Pero esto no es todo: lo más grave de la resolución es que es tan abarcativa que sólo le falta prender fuego la causa. Declararon nulos todos los documentos que se inscriben en ella: algunos, imposibles de reproducir. Entre ellos, los informes de ADN que habían dado positivos, no solamente el del semen encontrado en la vagina del cadáver, sino también el de la piel hallada bajo sus uñas.
Además, dejaron sin efecto el acta realizada por el médico legista en la que dice que Troncoso tiene arañazos en el cuello y una mordedura humana en el brazo que data de tres días atrás. Para los jueces, fue ilegal porque el imputado le había contado la manera en que el crimen se había producido.
Pero eso tampoco es todo. Como anularon toda la causa, anularon también el acta de defunción de Melina Briz: habría que exhumar el cadáver y volver a determinar su muerte.
La esperanza de Casación
El fiscal Moure declaró en entrevista en la emisora 99.9, en el sentido de que la Cámara ha dado por acreditada una coacción que jamás se probó, ya que en ningún momento se escuchó denunciar a la supuesta víctima tal delito. Ni él ni sus familiares, que en ningún momento hablaron de coacción: “es la primera vez, en veinte años de trabajo en la justicia, que veo que se acredite un hecho sin escuchar a la víctima”. Incluso, la Cámara da por corroborado sin más que la policía llegó a encontrar el cadáver de la chica a partir de los dichos del detenido, lo cual se ha establecido que no sucedió de esa manera.
Moure sabe que a partir de ese momento, y tras la decisión de apartarlo de la causa, toda su instrucción ha quedado anulada. Seguirá en la tarea el fiscal Mariano Moyano.
De todas maneras, tanto la fiscalía de Moure como la abogada de la familia Briz, la doctora María Adelina Martorella, confían en que al elevarse la causa a una instancia superior, en este caso el Tribunal de Casación, se volverán atrás las actuaciones, y Troncoso será nuevamente detenido.
Si es que aún está en el país, porque como afirmó Moure, “esta resolución es como un certificado de impunidad para el criminal. Cualquiera podría hacer cualquier barbaridad y confesarla dentro de una comisaría, para luego aducir que se vio intimidado por la situación, aunque nadie lo haya tocado”.
“Por supuesto que no fue coaccionado”, afirmó; “si yo hubiera sospechado siquiera una situación así, jamás la hubiera permitido”.
Pero él sabe que Troncoso tuvo dos oportunidades de declarar ante la fiscalía, y que jamás las usó, ni denunció ninguna coacción. También sabe que la Sala 2 de la Cámara es la misma que dijo en su momento que un arma descargada no es un arma. Y hubo que esperar hasta Casación para conseguir su revocación. Es la misma Cámara que afirmó que el fiscal no puede solicitar allanamientos al juez de paz, y anuló una causa. Otra vez hubo que recurrir a Casación para poner cordura.
Y, por fin, sabe Moure que el mismo tribunal fue el que le dijo que la fiscalía había interrumpido el sueño de los narcotraficantes, cuando ordenó un allanamiento nocturno en una causa de drogas. Otra vez a Casación.
Por eso trata de que la paciencia pese sobre su indignación, porque habrá una pausa de alrededor de un año hasta que aquel tribunal superior se expida y traiga otra mirada sobre esta locura.
Los que parece que no van a esperar son los habitantes de Balcarce, que exigieron una respuesta con una manifestación popular que convocó alrededor de 5.000 personas.
¿Será posible que ante los hechos consumados, y la “macana” realizada, Troncoso haya sido asesorado para permanecer en la seccional el mayor tiempo posible, en este caso 16 horas, para luego poder alegar coacción inherente? ¿Se puede ser tan maquiavélico? Quizá sí.

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