Indignados del mundo, unidos en una marcha global

Hubo protestas en 951 ciudades de 82 países de los cinco continentes. La mayor movilización antisistema desde el Mayo Francés. En Roma se produjeron hechos de violencia.
En 1848, Carl Marx y Friedrich Engels dejaron una frase para la historia en la primera edición del Manifiesto Comunista: “Proletarios del mundo, ¡uníos!”. Ayer, cientos de miles de personas en 82 países y 951 ciudades reeditaron el viejo lema de los trabajadores internacionalistas. De Bruselas a Nueva York y de Tokio a San Pablo, el planeta entero fue escenario de la jornada de protesta mundial “Unidos por el cambio global”. Ciudadanos de los cinco continentes protagonizaron la mayor manifestación antisistema desde el Mayo Francés.

El slogan de la convocatoria bien podría haber sido: “Desocupados, precarizados, ilegales, estudiantes o simplemente indignados del mundo, ¡uníos!”. Movilizados por el rechazo a la clase política y el repudio a los responsables financieros de la crisis económica, los manifestantes coordinaron marchas, festivales y actos masivos a través de Twitter y Facebook. “Unidos en una sola voz, haremos saber a los banqueros y a sus políticos serviles que ahora somos nosotros, la gente, quienes decidiremos nuestro futuro”, avisaba la página web del 15-O (15 de Octubre). “Es hora de que nos unamos. Es hora de que nos escuchen.”

Las principales concentraciones tuvieron lugar en las capitales europeas. La única nota negativa la dio Roma, donde la Policía se enfrentó con encapuchados que incendiaron varios vehículos, atacaron ministerios, destrozaron comercios y arrojaron piedras a los uniformados. Los violentos fueron minoría entre doscientos mil italianos que salieron a las calles.

Las protestas en Londres contaron con una participación estelar. Un sujeto escondido bajo una máscara se abrió paso entre los activistas de la City, hasta que la Policía lo obligó a quitarse el disfraz. Era Julian Assange. “¡No podemos ser anónimos y usar máscaras, aunque los bancos suizos sí pueden!”, se quejó el fundador de WikiLeaks.

El sentido global de la movilización se sintió especialmente en Bruselas, sede de la Comisión, el Consejo y el Parlamento europeos. Decenas de columnas con indignados de distintos países marcharon durante semanas hacia la capital belga para llevar sus reclamos al corazón político de la Unión Europea. Españoles, holandeses, alemanes y otros extranjeros coparon un edificio vacío cerca del parque Elisabeth, que sirvió como centro comando.

España vivió la fecha con el orgullo de haber sido la cuna de los indignados. La Puerta del Sol de Madrid lucía ayer como en los días dorados del movimiento 15-M. “No nos sentimos la madre de la movilización, somos parte de este río. No podemos, ni queremos, liderarlo ni dirigirlo”, dijo uno de los organizadores.

Los estadounidenses de Occupy Wall Street hicieron su propio aporte. A ellos se había dirigido toda la atención de los medios desde que acamparon en las inmediaciones de la Bolsa de Nueva York. Luego de evitar que la Policía los desalojara el viernes, los “okupas” de los Estados Unidos participaron ayer de un escrache a un banco: cerraron “en masa” sus cuentas y luego asistieron a un acto en Times Square.

Las protestas también se extendieron a otras ciudades, como San Pablo, Dublin, Tokio, Santiago, Seúl, Sidney, Taiwán, Tel Aviv e incluso Buenos Aires, para solidarizarse con la indignación mundial. Unidos o dominados.

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