La primera intendencia de Gustavo Pulti no ha resuelto los problemas de Mar del Plata. No es justa, no es inclusiva, y para advertirlo no hace falta recorrer el infame basural. Tampoco es cierto que la agenda vieja esté cerrada, que haya una nueva, y salvo que esté ya liberado el consumo de cannabis, nadie puede creer que lo que viene va a ser muy bueno.
Inconvenientes de la organización –no consiguen recursos suficiente-, la negativa de Adrián Alveolite a que la Dirección de Tránsito se ocupara de la seguridad, llevó a que temerariamente los corredores se dieran a sí mismos el permiso y corrieran por la costa sin apoyo ni organización de soporte.
Todo a la deriva. No ocurrió nada malo, pero ¿y si hubiera ocurrido? La ausencia del EMDER perfectamente puede leerse como incumplimiento de los deberes de funcionario público. Una carrera de estas características no puede dejarse librada al capricho de los funcionarios de turno, es un baldón para Mar del Plata. Dijeron los “corredores indignados” en su página web: “Fue realmente muy bueno ver corredores de todo tipo y categoría, desde caminantes o trotadores habituales, familias con sus carros y bebés, hasta deportistas de elite y de categoría olímpica, que demostraron que no sólo se corre por la gloria personal, sino que hoy lo hicieron por todos los corredores. Que todos juntos y a paso sostenido trotamos e informamos a la ciudad lo que pasa. Se sumaron también corredores de otras ciudades y hasta viajaron grupos de Buenos Aires con más de 30 corredores, como Pampa Team, para apoyar esta movida por el deporte, indignados con la mala información y suspensión de la Media Maratón, que les hacía perder sus reservas ya pagas de pasajes y hotel”. La carrera fue alentada y saludada por la inmensa cantidad de público que transitaba desde y hacia la playa.
En cuestiones de agenda, no se puede dejar de citar lo sucedido con el emisario submarino. Mario Dell’ Olio lo dejó claro en nuestra última charla periodística: dijo que los plazos de obra estipulados en el contrato no se van a cumplir, que se debe reelaborar el acuerdo y que no es posible proponer una fecha de cierre para la obra.
Tampoco el acuerdo con los guardavidas liderados por Nardone es aún un puñado de palabras sin nada escrito.No es buena manera de comenzar la gestión con el problema más viejo de la agenda vieja sin resolver, a caballo de otro que se inventó, en un intento extorsivo ridículo: el planteo de que en la licitación de Playa Grande había sobreprecios. El objetivo era ensuciar una de las propuestas, por lejos la que reúne los puntos para ganar, porque hablar de sobreprecios por parte del oferente en la licitación de concesión de balnearios, como si los mismos fueran a ser vendidos a la comuna, es grotesco, como lo es el silencio de la administración ante tamaña canallada. En fin, otros 4 años de Perogrullo y ninguna novedad.


Comentá la nota