Por: José Luis Jacobo.Cada día, un hecho coloca a la sociedad al borde de la angustia y la desolación. No es una sensación, sino una realidad tangible que no sacude a todos por igual.
Viudas, padres y madres despojadas de sus hijos de por vida, ancianos que mueren días o mes después por el pánico que devoró su espíritu merced a la crueldad desplegada por sus atacantes, que no serán juzgados por tortura, que contarán con un aparato estatal que los aupara enseñándoles la lección bien aprendida por ellos: que hoy los criminales son las víctimas originarias.
Pero a veces el destino juega sus bazas de manera extraña. Eso fue lo que ocurrió cuando una turba atacó al defensor oficial Juan Manuel Ravino, hecho que revela el grado de impunidad en el que viven los delincuentes en Mar del Plata. Ravino había concluido la defensa de Leandro Emmanuel Juanto, quien había asesinado a puñaladas a un sujeto de apellido Bustamante en un “exceso en la legítima defensa”. Tal caracterización no agradó a amigos y familiares del occiso. Juanto pasó el tiempo hasta el juicio en libertad. Llegó a cada jornada tribunalicia acompañado de su madre; y también en compañía de su madre estaba el día de la sentencia, el 19 del corriente, cuando el tribunal ordenó al defensor oficial que a efectos de proteger al condenado y a su madre hasta el hogar de ésta, los condujera en su propio vehículo.
Sin duda animó al tribunal la ingenua idea de que nadie se atrevería a hacer daño al condenado -aunque transcurrirá su condena en detención domiciliaria- en el vehículo de un defensor oficial. Pero no fue así. Muy por el contrario, unas 30 personas atacaron el auto de Ravino, y al menos tres de los agresores fueron identificados por el defensor oficial. Según se cita en la denuncia efectuada en la seccional primera, Gerardo Di Meglio (18), Franco Oliva (17) y Facundo Gómez amenazaron de muerte al defensor oficial, destruyeron el auto de su propiedad y sólo cedieron ante una fuerte actitud policial.
Salvo un comunicado ritual del Colegio de Magistrados, tremendo evento no ha provocado en la comunidad ninguna respuesta acorde a un hecho de semejante magnitud.
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