Indiferencia criminal

Una fuga que no es una fuga, un servicio de traslado de detenidos que no es traslado de detenidos, más ausencia de información para cubrir un escándalo de proporciones. Y todo a espaldas del soberano, el ciudadano votante, el contribuyente, al que se le niega justicia a diario.

La fuga de Juan Ramón San Martín (18), asesino de Ariel Di Meglio (21), es un claro ejemplo de la desidia, la falta de pudor, y la concupiscencia de actores públicos con el mundo del crimen. No hay aquí un hecho insólito de un menor que escapa mientras es trasladado: lo que aquí acontece es la consecuencia del estado de anomia que escampa en los estamentos públicos, transformados en campo de batalla por el control de la caja pública. Transas, acomodos, complicidades personales y funcionales, eso es lo que ocurre.

Juan Ramón San Martín -que por edad ya no debería estar bajo la tutela del sistema de minoridad- había sido trasladado por orden judicial al Instituto Almafuerte, en la ciudad de La Plata. El traslado estaba motivado por la situación devenida de un motín que San Martín había impulsado y protagonizado en el centro cerrado de Batán.

Del Instituto Almafuerte, fugó. Luego de capturado fue derivado a otro instituto, “El diquecito”, también localizado en La Plata. El director de “El diquecito” es Oscar Tacchi, que de su paso como director interino del instituto cerrado de Batán, no dejó buena impresión. Los testimonios recabados señalan que adoptaba algunas actitudes muy riesgosas ante una población acostumbrada a hacer lo que quiere usando la fuerza y la violencia.

Ya instalado en “El diquecito”, Tacchi generó un esquema muy a su medida, esquema que al parecer calzó como un guante a la jueza María Fernanda Di Clemente, quien retornó de una visita guiada a dicho establecimiento “chocha” (sic) por lo visto allí. Tacchi, el que dejó “chocha” a Di Clemente, era quien conducía el vehículo que trasladaba a Mar del Plata, en teoría, a San Martín. Según declaraciones de Tacchi y el asistente que lo acompañaba, San Martín había fugado cuando bajó para ir al baño sin esposas ni custodia en una estación de servicio en la ruta, que, cámaras de seguridad mediante, registraba la huida.

Hasta aquí todo cerraría en el relato. Excepto por el pequeño detalle de que el fugado no era Juan Ramón San Martín sino otra persona, hasta ahora un NN. En rigor, lo que habría acontecido es que, según señala una fuente sumamente confiable, “Tacchi le dio permiso a San Martín para que fuera a casa de su mamá por el cumpleaños. Cuando llegó la orden de traslado, no estaba en “El diquecito”, y no lo pudieron localizar. San Martín no se fugó: le dieron permiso para irse”, subraya la fuente.

Así de irresponsable. Así de impune. La madre del borrego de este inmenso desaguisado parece ser la feroz lucha interna que se ha desatado desde que la Subsecretaría del Menor y la Familia pasó a rango de Secretaría. Pero esa ya es harina de otra columna…

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