En 6 meses, metió preso a Martínez de Hoz, indagó a Macri, sobreseyó a los K y embargó a Jaime.
En ese mismo período, fue querellado, recusado y tuvo un pedido de juicio político. Además, por las clásicas declaraciones públicas en la puerta de su casa, desde donde anticipó algunas medidas, debió dar explicaciones en el Consejo de la Magistratura. Y como frutilla de un semestre agitado, en el verano dio un reportaje con inesperadas confesiones de su vida privada.
La oposición suele acusar a Oyarbide de manejar los tiempos de las causas según su conveniencia. Tal manipulación, siempre según los opositores, le permitiría al juez seguir ejerciendo su cargo sin que avancen acusaciones en su contra. No hay pruebas fehacientes de ello. Aunque el repaso de sus decisiones pueden despertar algunas dudas. Hubo jornadas realmente sintomáticas: el miércoles pasado, por ejemplo, indagó al opositor Macri por el espionaje y detuvo a un aportante a la campaña de la oficialista Cristina.
Un día antes, el juez había mandado preso a Martínez de Hoz. Justamente esas decisiones en causas por derechos humanos son las que alimentan su lado menos cuestionado. Oyarbide, por caso, fue el que revocó la prisión domiciliaria del ex presidente de facto Jorge Rafael Videla.
Su perfil más atacado, en cambio, es por su actuación en causas de corrupción contra funcionarios K. Oyarbide, por caso, fue el que sobreseyó al ex secretario de medios Enrique Albistur. Varias caras. Una sola persona.






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