Para el especialista español Salvador Marti Puig quedó demostrado que la sociedad no se siente cómoda con el marco autonómico español.
Mientras tanto, Mas no pierde el tiempo y lanzó ayer un mensaje de advertencia: “Escuchad atentamente a Cataluña y poned soluciones”, dijo. En la misma línea, sostuvo que la masiva marcha del martes “no fue una cosa cualquiera, sino un paso decisivo en la línea de la plenitud nacional.” Desde Madrid la respuesta no tardó en llegar, aunque de manera esquiva, y fue de boca de la número dos de Rajoy, la vicepresidenta del Ejecutivo, Soraya Sáenz de Santamaría, quien le restó trascendencia a la gigantesca manifestación y señaló que “en un país con 5 millones de desocupados hay que tener claro cuál es la prioridad del gobierno”.
Para los expertos, la enorme participación popular del martes marcará un antes y un después en el futuro catalán. En diálogo con Tiempo Argentino, Salvador Marti Puig, doctor en Ciencia Política y miembro del Centro de Relaciones Internacionales de Barcelona, dio su punto de vista al respecto.
–¿Cuáles son los postulados más sobresalientes de esta movilización?
–Sin duda, el principal objetivo es obtener la independencia de Cataluña como un estado nuevo, pero integrado a la Unión Europea.
–¿Qué lectura política puede hacerse en el contexto socioeconómico actual?
–Este 11-S es diferente, ya que se realizó en un contexto en el que se han acumulado agravios de una década: reforma fallida del estatuto catalán, rechazo del Tribunal Constitucional a los textos aprobados en referéndum, mala financiación crónica respecto a otros territorios, políticas de recentralización del nuevo gobierno con la excusa de la crisis económica, etcétera. Muchos sectores es posible que también interpreten la movilización como un “salto adelante” o una “fuga populista” de un gobierno catalán incapaz de hacer frente a los problemas cotidianos.
–¿El reclamo de autonomía plena puede concretarse en algún momento o se trata de una reivindicación histórica de improbable aplicación?
–Se trata de una reivindicación histórica. Con todo, el catalanismo ve cómo un mundo global es el escenario posible para la independencia de naciones sin Estado, tal como lo plantean Escocia o Quebec, y como ya lo hicieron República Checa y Eslovaquia.
–¿Qué mensaje político dio Cataluña a España y al resto de Europa?
–Que el independentismo ha dejado de ser residual y minoritario, y que un sector amplio de la sociedad no se siente cómodo con el marco autonómico español ni con el trato recibido por los gobiernos centrales.

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