Más de 5 mil censistas recorren hasta los lugares más recónditos de la provincia y otros 645 mil el territorio argentino. El operativo de relevamiento de Población, Hogares y Viviendas se extenderá hasta las 20.
Un ejército de censistas comenzó a las 8 a recorrer el país para contar, uno por uno, cuántas son las personas que viven en Argentina.
A una hora de iniciado el relevamiento, el director técnico del INDEC, Norberto Itzcovich, destacó que los encuestadores “ya tomaron contacto” con la ciudadanía yque “hay un inmenso interés” en los entrevistados.
Sobre la base de esos primeros contactos y las llamadas para evacuar dudas a la línea telefónica gratuita 0800-999-23676 begin_of_the_skype_highlighting 0800-999-23676 end_of_the_skype_highlighting, el funcionario enfatizó: “Existe un inmenso interés de la sociedad”. “Es un día de fiesta para nosotros”, remarcó Iztcovich y, luego, anticipó que, “para el mediodía”, el INDEC brindará “un panorama de lo más importante del día”, en relación a la “cobertura territorial” de los encuestadores “en cada una de las provincias”.
Este Censo Nacional de Población, Viviendas y Hogares 2010, décimo en la historia del país, costará 523 millones de pesos, un 72% más de lo anunciado inicialmente. Para saber cuántos somos y cómo vivimos, 650 mil censistas están recorriendo las casas a relevar cada una de las casas. Sus habitantes tienen la obligación de responder y el derecho a reservarse su nombre.
El Censo busca lo que los especialistas denominan “información gruesa”. Es decir los grandes trazos que, después, servirán de base para realizar investigaciones más minuciosas. Por ejemplo, por primera vez este año con dos preguntas se sabrá el grado de alfabetización digital en Argentina. El censista sólo querrá saber si en la casa hay computadoras y quién sabe usarla. Esos datos servirán de base para otros estudios.
En este relevamiento se tendrán en cuenta por primera vez a las parejas gays, y se volverá a incluir a los afrodescendientes. Además, los datos permitirán armar un mapa de la población aborigen y de la discapacidad en todo el país.
Pero este Censo no llega solo. Nunca antes el INDEC, organismo encargado de llevarlo adelante, había sido tan cuestionado. El temor por la inseguridad también sumó incertidumbre, aunque ayer el ministro del Interior, Florencio Randazzo, afirmó que “están dadas todas las condiciones de seguridad”.
El valor del Censo radica en que toda la información que se recolecte hoy servirá para diagramar las políticas públicas de una década. Sólo el Estado está en condiciones de realizar semejante operativo. Por eso, desde algunos sectores se cuestionó que este nuevo Censo deje de lado algunas preguntas, como en qué escuela se educan los chicos –pública o privada– o si en una casa hay freezer o televisión por cable, cuestiones que colaboran para conocer el nivel socioeconómico de la población.
Pero estas no son las únicas críticas sobre el INDEC. Tanto los empleados del instituto que se oponen a la actual conducción como el Consejo Académico de Evaluación y Seguimiento –integrado por cinco universidades– denunciaron serias falencias en los preparativos para realizar el Censo. Hoy, pero sobre todo el 20 de diciembre, cuando se conozcan los primeros resultados, se sabrá hasta dónde pesaron las críticas.

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