"Inconsciente colectivo"

La frase de Charly García describe la última sesión del Concejo de Capital que fue demasiado transparente: antes que el mandato popular, está la orden del poder
Las empresas de transporte del municipio reciben subsidios para poder sobrevivir que ningún concejal se detuvo a analizar cuando decidieron aumentar el valor del cospel esta semana que pasó. Hubo uno, pero no tuvo la fuerza para hacerse oír. En el sitio oficial www.transporte.gov.ar se pueden encontrar los emolumentos recibidos por las empresas de ómnibus de Tucumán. En la Capital se otorgan las Compensaciones Complementarias Provinciales (CCP), el sistema Integrado de Transporte Automotor (Sistau) y un porcentaje por el gasoil. En total son $ 7.654.232,56. ¿Es mucho o es poco? A los concejales de la capital no les importó. En junio pasado, la empresa El Galgo recibió, -redondeando- $ 155.000 por CCP; $ 84.000, por el Sistau y $ 206.000 del subsidio de gasoil. A la empresa El Cóndor le correspondió $ 244.000, $ 154.000 y $ 182.000, respectivamente. La firma Libertad recibió $ 221.000, $ 114.000 y $ 153.000. A El Ceibo le dieron $ 214.000, $ 133.000 y $ 336.000. A la empresa Recreo le adjudicaron $ 140.000, $ 51.000 y $ 511.000. La firma Transporte Yerba Buena SRL le correspondió $214.000, $ 100.000 y $ 71.000. A El Córcel ingresaron $ 266.000, $ 108.000 y $ 299.000. A la firma Colón le dieron $ 214.000, $ 93.000 y $ 90.000. Transportes Asociados recibió $ 88.000, $ 29.000 y $ 107.000. Los Pumas sumó $ 251.000, $ 107.000 y $ 186.000. A ByV Transportes le tocaron $ 207.000, $ 68.000 y $ 157.000. Cerro Pozo tuvo $ 244.000, $ 101.000 y $ 213.000. A la firma El Jacarandá le dieron $ 125.000, $ 20.000 y $ 105.000. Autobuses Santa Fe logró $ 66.000, $ 26.000 y $ 149.000. Puesto Nuevo, $ 22.000, $ 7.000 y $ 37.000. General Belgrano obtuvo $ 207.000, $ 140.000 y $ 152.000 y, por último, la empresa Illages tuvo $ 207.000, $ 84.000 y $ 175.000.

Este engorroso y aburrido listado de números -que implican $ 7,6 millones para empresas que brindan el servicio en la capital donde se cortan cerca de 300.000 boletos diarios- no se discutió en el Concejo. Había que cumplir la orden del que manda, y la mayoría dijo "sí, mi general" y levantó la mano. El concejal Claudio Viña se quedó blandiendo el listado de subsidios y vociferando inútilmente. Los ediles, antes que representantes responsables, demostraron que son obedientes -y obsecuentes-.

Pero también son miedosos. En la sesión, al referirse al frustrado aumento de las dietas -y del sueldo del intendente-, el concejal oficialista José Franco no puso en tela de juicio su hombría sino la fortaleza de un extraño sistema en el que no caben los principios, sino raros códigos. "Fui apretado para que este tema no lo vote", señaló el concejal. No dijo más. No hizo denuncias. No dio el nombre de quién o de quiénes son los que manejan de otra manera los valores de un municipio. "Apretar" tiene una acepción inocua, pero en el sentido que le dio el edil representa el lenguaje del hampa. No debe ser agradable para los vecinos que las cosas se diriman con sentido propio de la delincuencia cosas tan cotidianas como tomar un ómnibus. Tan triste y tan desubicado como la vida de los viales que hoy se dirime, literalmente, a los balazos.

Apretada realidad

En la misma sesión quedó claro que los ediles de la oposición prefieren ser tibios antes que soltar todo su enojo contra las irregularidades del manejo de la cosa pública, porque corren el riesgo de perder nombramientos interinos que les otorgaron. En síntesis: muy poca democracia y mucho "apriete".

Durante al reunión en la que el debate profundo fue sepultado por las órdenes se iba a tratar el aumento de los ingresos del intendente Domingo Amaya -y por lo tanto de los concejales. Tampoco se analizó profundamente. Al presidente del Concejo, Ramón Cano, le sonó el teléfono rojo y del otro lado de la línea un voz con bigotes y con demasiada autoridad le ordenó que no se aumenten los sueldos, pero le acotó: "a eso ya lo vamos a arreglar".

La toma de decisiones en Tucumán no son gritos de libertad sino susurros de miedo. ¿A qué le temen? La mayoría tiene miedo de que José no los tenga en cuenta o de que José se enoje y terminen en el ostracismo. El mejor alumno de ese sistema es Juan Manzur, el diletante ministro de Salud de la Nación, que en los últimos días volvió a sonar como candidato a vice.

Hay dos frases que suele repetir el gobernador de Tucumán. "El que traiciona una vez, traiciona dos veces". Esa es una de las máximas que más se escucha en estos días en que se están terminando las nóminas electorales. La otra frase es "si me fue bien, ¿por qué voy a cambiar?". Estas palabras suenan como una sinfonía para todos los intendentes y delegados comunales que quieren ser reelectos y para los ministros del gabinete que nunca se reunió.

Es el sistema sin fisuras, la subordinacion perfecta de la política al poder económico. Todas las piezas calzan: los subsidios silenciados a cambio de transporte de las masas a los actos; los aumentos discrecionales del boleto (en un país que, supuestamente, no registra inflación), la falta de autonomía municipal, la minoría ninguneada y la cobardía del jefe de la ciudad, que prefiere volar antes que ponerle la firma a lo que piensa. ¿Quién o quiénes ganan, y qué ganan? Mejor no responder.

Comentá la nota