La diputada renovadora y titular de la Unión de Docentes de la Provincia de Misiones difundió una editorial en la que defendió enfáticamente la iniciativa de habilitar el voto a los jóvenes de entre 16 y 18 años
En un sitio que recibe una fuerte suma por pauta publicitaria oficial, la diputada destacó la importancia de la participación de los adolescentes en los próximos comicios (para cargos provinciales), que estaría siendo “pedida” por los jóvenes. Recordemos que Leverberg es reconocida por su amplitud democrática y por esa razón, en el sindicato que ella dirige, no se les permite la afiliación a los docentes que no son afines a la agrupación oficialista Adomis. Además, en otra inequívoca prueba de la preocupación por la democracia, Leverberg y la Junta electoral de Udpm (integrada por su cuñada), prohibieron la participación de la única lista opositora en las últimas frustradas elecciones en el gremio.
Frustradas porque la justicia laboral de Misiones dictaminó que los comicios no son válidos por la proscripción partidaria. Pero veamos con más detenimiento el encendido argumento a favor de la manipulación de jóvenes con fines electorales.
“Quien diga que no están preparados deberá trabajar mucho para demostrar alguna razón valedera. No podemos soslayar la fuerza, la inquietud y la impetuosa necesidad de participar que expresan desde adolescentes quienes hoy son invitados a participar de la integradora idea de poner sobre la mesa de las grandes cuestiones cívicas a su oportunidad de sufragar.
Porque se trata de eso, de una ‘oportunidad’, ya que justamente es el carácter voluntario el que respaldará a los seguramente miles y miles de chicos que, con la emoción de ser parte de las grandes decisiones, se volcarán con orgullo a las urnas si decidimos, como sociedad, autorizarlos a tan grato acto de responsabilidad”, comentan Leverberg y su equipo en antenamisiones. Es destacable que el argumento apele a nociones como “fuerza” o “emoción”, como si cada persona entendiera exactamente lo mismo al respecto. Leverberg parece presuponer que la convocatoria tendrá una respuesta masiva, porque el pedido surgiría de las jóvenes bases populares. Esto no hace más que hacer justicia a la realidad política de la sociedad misionera, donde miles y miles de estudiantes secundarios se reúnen todo el tiempo para debatir ideas y hacen marchas todos los días para que se les permitan votar.
Especialmente, los jóvenes de sectores de bajos recursos, que saben que votando al oficialismo, se garantizarán el fin de las inequidades sociales y económicas, además de la justa redistribución de la riqueza. Bien lo señala la diputada, sería difícil probar que los jóvenes poseen distintos niveles educativos (más allá de la supuesta acción “homogeneizadora” de saberes de las escuelas), diversas experiencias políticas y sociales –al igual que cualquier otra persona- y finalmente, distintos niveles de autonomía económica (y de resolución de sus necesidades materiales) Mucho más difícil sería probar que estas asimétricas trayectorias educativas, culturales, cívicas, económicas podrían incidir en un mayor o menor grado de vulnerabilidad a la manipulación partidaria. Y lo que sería imposible de probar es que la mayoría de eso 50 mil votantes provienen de sectores socialmente desfavorecidos.
“El debate es ineludible –continúa Leverberg-. La inclusión de los herederos de nuestro tiempo a través de la educación obligatoria (hasta la secundaria inclusive), de la incorporación de tecnología, del reconocimiento de cada vez más derechos, los vuelve claros merecedores de que nos sentemos a pensar en ellos en cuanto a su vida cívica.
Por otra parte, el renovado rol de la mencionada educación en cuanto a la formación cívica debe ser el siguiente desafío. Plantearnos a propósito de incluir optativamente en los padrones a los más jóvenes, la necesidad de reforzar, desde el aspecto académico, docente y programático también la incorporación temprana y profunda del conocimiento del sistema político que sustenta la democracia”, afirma la diputada. En esta parte de la editorial, la secretaria general (interina) de Udpm reconoce que los estudiantes tienen problemas para apropiarse de conocimientos básicos sobre la vida cívica.
Y qué mejor manera de hacerlo que participar de las elecciones para cargos provinciales. Pero si no les basta con la posibilidad de votar en una provincia en donde rige la ley de lemas y por tanto, casi siempre obtiene la victoria el candidato del partido con mayor cantidad de sublemas (aunque no sea el más votado), los jóvenes pueden aprender de la experiencia de Udpm.
En ese sindicato, la lista opositora fue impugnada fuera de término y por ende, no se le dio al Frente de Unidad Gremial Docente, el tiempo suficiente para subsanar los inconvenientes de su lista y participar de los comicios. ¿Qué mejor manera de aprender de democracia que con comicios en donde la Justicia provincial y el Ministerio de Trabajo avalan autoridades que son funcionales al oficialismo? Pero si los jóvenes más o menos inexpertos de los votantes aún padecen de alguna inquietud, pueden preguntarle al jefe político de Leverberg, el diputado y exgobernador Carlos Rovira, que algo sabe del neoliberalismo. Fue un alto funcionario provincial en aquella época “olvidable”.
“En definitiva, no se trata solamente de esgrimir los porqués de la oportunidad y conveniencia de que voten o no, se trata de ir a fondo en la profunda integración de las razones por las que deben sentirse, y de hecho ser parte, del sistema que los contiene, los educa, los asiste y los forja como mujeres y hombres protagonistas plenos del futuro cercano. No debemos negarles a nuestros jóvenes la necesaria incorporación de su realidad al panorama integral de la conformación de una sociedad más abarcadora, inclusiva y universalizada, también en sus valores cívicos”, concluye la democrática Leverberg.
Pero queda planteada la pregunta del título de esta nota, el ineludible debate sobre la independencia de criterios de sindicalistas devenidos en dirigentes del oficialismo. Una diputada renovadora que cuando los legisladores deciden duplicar sus dietas de común acuerdo, dice “no me parece bien pero mi familia está contenta”, ¿puede defender los intereses de los trabajadores de la educación cuando estos se oponen a los del Estado Renovador? Evidentemente la respuesta debe ser afirmativa. Así lo demuestra la situación de los docentes misioneros, pues, pese a que los maestros tienen una grilla de antigüedad claramente perjudicial (con 10 años en el cargo cobran prácticamente lo mismo que al inicio de funciones), el gremio de Udpm jamás realiza paros. Esto gracias a la acérrima defensa de los derechos de los docentes que lleva adelante, cada día, la diputada Leverberg. La obereña parece confirmar la máxima de cierto quincenario porteño: “no corresponde ponerse en contra de quien te da de lamer”

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