Las Incógnitas Del Gobernador y El Gobierno

Las Incógnitas Del Gobernador y El Gobierno
Si el periodista se atiene a la letra de sus últimos discursos, el Gobernador Martín Buzzi resulta un centro-izquierdista moderado, respetuoso de una línea histórica de defensa de los derechos humanos que arranca con Alfonsín y tiene su expresión central en el kirchnerismo.
En materia económica, es un desarrollista clásico ocupado en la explotación racional de los recursos naturales siempre y cuando se cuente con “licencia social” y socialmente convencido de que si se genera riqueza, se derramará riqueza, aunque la historia clásica y reciente muestre que la ecuación casi nunca se cumple sin una fuerte intervención del Estado.

Esta caracterización –seguramente parcial e incompleta- del pensamiento político-social del Gobernador Buzzi, surge como un requerimiento casi primordial para tratar de entender hacia dónde irá su Administración, a falta de una información confiable y precisa sobre esos objetivos, la que bien podría haber surgido luego de la tumultuosa aprobación de su primera Ley de Presupuesto, algo que no sucedió y parece que no sucederá, pese a las múltiples dudas que dejó flotando el trámite de aprobación de la norma, un dato reconocido hasta por los medios más oficialistas, que no son precisamente pocos y se vieron en figurillas para explicar con claridad el proceso.

Lo que se sabe es que se tomará una deuda de 100 millones de dólares para ejecutar un plan de viviendas para la clase media y que se colocará como garantía de pago para ese empréstito a la Coparticipación Federal de Impuestos y a las regalías hidrocarburíferas, que ya vienen cargadas con el peso del repago de los 150 millones de dólares del Fideicomiso del Gobierno anterior, entusiastamente apoyado por la dupla Buzzi-Mac Karthy en aquel entonces.

Nada ha dicho el Gobierno, ni el bloque del Frente Para la Victoria que asumió en el recinto la defensa del Presupuesto, cómo influirá esa herramienta en la economía real, ni de qué manera impulsará la creación de más y mejores empleos, por lo que todo lo que hay son palabras dispersas, anuncios más o menos imprecisos y una ausencia total de fundamentación política concreta, pese a que el Ejecutivo dispuso de nueves meses de transición y se tomó cinco más antes de enviar su proyecto a la Legislatura.

La confusión como método, junto al cada vez más acentuado perfil de centroizquierda que asume Buzzi (al menos en el discurso), van apareciendo como los modos más clásicos para ir definiendo al buzzismo, esa organización (o desorganización) que nació con el Modelo Chubut y transmutó hacia el kirchnerismo.

Entre esas luces y sombras, la realidad le pega de vez en cuando algunos palos muy duros al Gobierno.

En materia de seguridad, por ejemplo, justo en la semana de los silbatos y el traslado del ministro de Gobierno y el subsecretario de Seguridad a Comodoro Rivadavia, una mujer sufrió un intento de abuso a pocos metros de las oficinas que ambos ocupan, afortunadamente frustrado no por la acción del Estado, sino por la intervención de dos ciudadanos que circunstancialmente pasaban por allí.

En Trelew, el discurso oficial acerca de la liviandad de los jueces produjo otro hecho impactante.

Un presunto delincuente se encuentra internado en terapia intensiva luego de sufrir una dura golpiza por parte de un grupo de taxistas, convencidos quizás de que la mejor justicia que puede hallarse ahora es la que se hace por mano propia.

En ese contexto, hasta un dirigente muy menor como el diputado provincial Roddy Ingram encontró una cuota de razón.

Lo que hace falta, dijo el hombre, es una política de seguridad. Y quizás un ministro. Y talvez un subsecretario, se agrega desde aquí.

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