Testimonios de los afectados recogidos por LA NACION muestran la desesperación de las víctimas del derrumbe; también cómo pasaron parte de la noche en la calle, esperando que el gobierno de la Ciudad les suministrara alojamiento; finalmente fueron trasladados a un centro comunitario
La mayoría, frente a la imposibilidad de retornar a sus hogares, decidió alojarse por sus propios medios. Algunos eligieron hoteles, otros casas de familiares, o amigos. Sin embargo, por la madrugada se encontraban en la zona más de cien personas que aseguraban no tener un lugar donde quedarse esa noche.
"No puedo pagar una habitación de hotel, y no tengo familia acá", relató a LA NACION Rolando Pizarro, de 64 años, que aguardaba en la esquina de J. D. Perón y Talcahuano, a unas cuadras del edificio derrumbado. Según aseguró, vive en Bartolomé Mitre 1213 y luego de la evacuación "vinieron del gobierno de la Ciudad y nos censaron, pero no nos dijeron nada". "Preguntamos pero no nos dieron respuestas y no nos dejan entrar a nuestra casa ni nos dieron nada, no tengo plata ni comida", se quejaba. Cristian Zayas vive en el mismo edificio y tiene 23 años: "Después de que nos evacuaran quedé en la calle y ahora estoy esperando una respuesta del gobierno porque no tengo a dónde ir", relató.
Por la madrugada, un grupo de trabajadores del ministerio de Desarrollo Social de la Ciudad preguntaba a los vecinos evacuados si no podían "alojarse por sus propios medios". Las respuestas eran siempre las mismas. Raúl Sotelo y Sara Suárez, de 33 años, inquilinos en el edificio de Bartolomé Mitre 1237, les aseguraban que no tenían un lugar para quedarse. Sandra Villalba y José Luis Abreu, les explicaron que estaban en la misma situación, y que sólo habían podido alojar a su hija de 9 años con unos amigos. "No tenemos a donde ir", se quejaban. "Nadie nos dice nada, no nos tomaron los datos hasta ahora", contaron a este medio alrededor de la 1.
Luego, relataron a LA NACION que, al igual que el resto de las personas que estaban en su edificio, ubicado en la misma cuadra del inmueble derrumbado, no fueron advertidos sobre el peligro, y debieron evacuarse por sus propios medios, luego de detectar el movimiento de gente en los alrededores. "Evacuaron a todos menos a nosotros. Cuando se lo contamos a un bombero se sorprendió, no lo podía creer y nosotros tampoco", contó. "Estamos cansados y no sabemos a dónde ir", concluyó.
Cuatro horas después del derrumbe, alrededor de cien vecinos evacuados se encontraban dispersos en las inmediaciones del lugar del siniestro. En la esquina de la Avenida de Mayo y Santiago del Estero, cerca de diez trabajadores del gobierno de la Ciudad se ocupaban de tomar los datos de las personas que aún no habían sido censadas. Finalmente, entrada la madrugada, dos camionetas se llevaron a varios de ellos al Centro Comunitario de la Boca, para que permanecieran allí durante la noche, pero agruparlos llevó varias horas.
"Tenemos sus teléfonos, pero algunos no responden", dijo una trabajadora del ministerio de Desarrollo, que quiso preservar su identidad. "Son más o menos 130 las personas que siguen esperando en la zona", agregó, mientras respondía las inquietudes de varios evacuados inquietos.
La joven Tomasina Martine, de 22 años, vivía en uno de los edificios que desalojaron y por la noche debía partir con su hijo de 1 año a República Dominicana, donde vive su familia. Tras el derrumbe, la policía no la dejó ingresar a buscar sus valijas y pasajes, y perdió su vuelo. "Tengo todo adentro y no me dan nada", repetía a este medio. Según aseguró, no había recibido una solución de la policía ni del gobierno, ni tenía a dónde ir con su bebé.
Ana Ramos, una española de 31 años, Miguel Carrillo, de 30 y proveniente de México, y Jocelyn De Jong, oriunda de Holanda, se encontraban apostados en la vereda junto a por lo menos una decena de jóvenes que estaban hospedadas en el hostel bed and breakfast Rock'n Hostel, ubicado en Libertad 18. Con sus valijas y pertenencias dentro de las habitaciones del hostel, aseguraban no tener a dónde ir, y aguardaban en la calle. Finalmente, un grupo de trabajadores sociales de la Ciudad, les informó que iban a ser trasladados al Centro Comunitario para que pasaran la noche. Se subieron a una camioneta del gobierno porteño, pero no partieron, porque minutos más tarde se les anunció que el edificio había sido habilitado y podían volver al hostel..
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