La incertidumbre empresaria

Por Mariano Grondona

En un libro tan importante como reciente, el Premio Nobel de Economía Douglass North ha hecho notar que, desde la era de las cavernas hasta nuestros días, el empeño casi obsesivo de los seres humanos ha sido combatir la "incertidumbre". Tanto en el campo de la ciencia como en el de la economía podría decirse, así, que las luces del progreso apuntan a perforar las sombras que desde antiguo nos rodean (Douglass North. Understanding the Process of Economic Change, Princeton University Press, 2005).

En el campo político, el progreso de los países desarrollados se ha logrado mediante la fundación de regímenes institucionales que contienen pocas alternativas no muy distantes, además, entre ellas. El 3 de octubre de este año, para tomar un ejemplo, los brasileños podrán optar entre una candidata presidencial de centroizquierda, Dilma Roussef, que aspira a continuar la obra de Lula, y un candidato presidencial de centroderecha, José Serra, que aspira, por su parte, a preservar el legado de Fernando Henrique Cardoso, el presidente que precedió a Lula, sin que medien entre estos dos pretendientes diferencias sustanciales. Si decimos entonces que Brasil es un país básicamente "estable", es porque las diferencias entre Roussef y Serra, al ser mínimas, les otorga a los empresarios un horizonte invalorable de continuidad.

¿Es esto lo que ocurre entre nosotros? En dos reuniones empresarias que ocurrieron casi simultáneamente a comienzos de esta semana, el Coloquio de Idea que se celebró en Rosario y la asamblea de la Unión Industrial que tuvo lugar en Córdoba, prevaleció un clima de honda preocupación. No era para menos porque, a la inversa de lo que pasa en Brasil, la distancia entre las dos alternativas que se ciernen sobre nuestros país, la autocracia que quieren consolidar los Kirchner y la república que quieren restablecer sus opositores, no puede ser mayor. Parafraseando a North, si una mínima distancia entre las alternativas políticas que se ofrecen en un país es una prenda de estabilidad, cuando esa distancia se vuelve extrema la inestabilidad resultante desalienta las inversiones empresarias, que son el único anticipo conocido del desarrollo económico y social.

Es que, en tanto la elección de octubre de este año que enfrentarán los votantes brasileños sólo consistirá en escoger entre dos "gobernantes" en el fondo similares, la opción que enfrentarán los votantes argentinos en octubre del próximo año consistirá no ya en escoger entre dos gobernantes sino en entre dos "sistemas" políticos y económicos sencillamente incompatibles, el Brasil de Cardoso o Lula y la Venezuela de Chávez. ¿Debe asombrarnos por ello que, mientras en el país vecino y en otros como él, ya sean Chile, Colombia o Uruguay, prevalece la paz, que fue definida por Santo Tomás de Aquino como "la tranquilidad de un orden", entre nosotros impere, al contrario, la crispación?

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