Por Mariano GrondonaEn un libro tan importante como reciente, el Premio Nobel de Economía Douglass North ha hecho notar que, desde la era de las cavernas hasta nuestros días, el empeño casi obsesivo de los seres humanos ha sido combatir la "incertidumbre". Tanto en el campo de la ciencia como en el de la economía podría decirse, así, que las luces del progreso apuntan a perforar las sombras que desde antiguo nos rodean (Douglass North. Understanding the Process of Economic Change, Princeton University Press, 2005).
¿Es esto lo que ocurre entre nosotros? En dos reuniones empresarias que ocurrieron casi simultáneamente a comienzos de esta semana, el Coloquio de Idea que se celebró en Rosario y la asamblea de la Unión Industrial que tuvo lugar en Córdoba, prevaleció un clima de honda preocupación. No era para menos porque, a la inversa de lo que pasa en Brasil, la distancia entre las dos alternativas que se ciernen sobre nuestros país, la autocracia que quieren consolidar los Kirchner y la república que quieren restablecer sus opositores, no puede ser mayor. Parafraseando a North, si una mínima distancia entre las alternativas políticas que se ofrecen en un país es una prenda de estabilidad, cuando esa distancia se vuelve extrema la inestabilidad resultante desalienta las inversiones empresarias, que son el único anticipo conocido del desarrollo económico y social.
Es que, en tanto la elección de octubre de este año que enfrentarán los votantes brasileños sólo consistirá en escoger entre dos "gobernantes" en el fondo similares, la opción que enfrentarán los votantes argentinos en octubre del próximo año consistirá no ya en escoger entre dos gobernantes sino en entre dos "sistemas" políticos y económicos sencillamente incompatibles, el Brasil de Cardoso o Lula y la Venezuela de Chávez. ¿Debe asombrarnos por ello que, mientras en el país vecino y en otros como él, ya sean Chile, Colombia o Uruguay, prevalece la paz, que fue definida por Santo Tomás de Aquino como "la tranquilidad de un orden", entre nosotros impere, al contrario, la crispación?
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