Tres intelectuales polemizaron a través de "Río Negro" sobre el decreto presidencial que creó el Instituto Nacional Revisionista. Temen al sesgo que se le da a la difusión de la historia.
Al sociólogo Marcos Novaro le genera dudas el verdadero objetivo de Cristina Kirchner al promover dicho organismo, encabezado por Mario "Pacho" O' Donnell). "Una interpretación es que frente a quienes acusan a la mandataria de estar girando a la derecha (por el ajuste de tarifas y recorte de gastos) ella trate de compensar generando escándalo, provocando a que los críticos digan" vieron que son chavistas" y así calmar las aguas de la izquierda K; la otra explicación es que a Cristina le encantan estos temas (mucho más que a Néstor Kirchner) y cree en esa versión de una historia populista- radical, revisionista y antiliberal".
Según Novaro la idea que subyace detrás de la iniciativa en cuestión es que" el control del Estado otorga derecho a la hegemonía cultural, aunque pensar que un instituto va a enunciar una historia verdadera es un absurdo: una pretensión así podría ser un paso hacia el totalitarismo, aunque del modo planteado parece más bien payasesco".
En cuanto a los peligros potenciales, agrega Novaro: "Si es una movida para organizar festivales o facturar vaya y pase; pero si esto termina en el Estado bajando línea, si conecta con los aparatos públicos de medios, la secretaría de cultura y el ministerio de educación, va a ser más delicado".
Para el filósofo cercano al oficialismo, Ricardo Forster, generar alarma es absurdo. "Es como decir que un instituto sanmartiniano o rosista son un peligro; estamos en un momento en que por suerte el pasado es materia de querella intelectual". De todos modos, el propio Forster reconoce que no comulga con la perspectiva que tiene de la historia la flamante entidad. "No está en mi tradición intelectual y es erróneo afirmar -como lo han hecho desde el propio organismo- que sus académicos representen todo el espectro de las universidades públicas; no obstante los planes de estudio serán independientes de la interpretaciones que desarrolle el instituto. Creo que están abriendo un paraguas fuera de toda posibilidad de tormenta. El peligro no es discutir ideas, sino cuando se eliminan".
Silvio Maresca -ex titular de la Biblioteca Nacional durante la presidencia de Duhalde- es categórico: "Esto forma parte del objetivo (gramsciano) de influir y transformar las mentes en función de fines políticos. Está inserto en la campaña por el apoderamiento de los medios de comunicación. Es parte de la propuesta de pensamiento único que ejecutan sectores del gobierno".
Novaro propone poner la lupa en el reciente discurso de la jefa de Estado- en la UIA- donde sostuvo que la batalla de Caseros (la victoria de Justo José Urquiza sobre Rosas) desvió a la Argentina de una senda de progreso industrialista, a diferencia de lo ocurrido tras la guerra civil en los Estados Unidos. "Es como afirmar que en la Argentina triunfó el esclavismo algodonero. El revisionismo que practica Cristina es el de "corregir la historia". Se intenta armar una épica bajo la apariencia de un debate".
En relación al objetivo del instituto, Maresca sostiene que "atrasa". "El gobierno no avanza en una lectura integradora de la historia, sino que hace una réplica tardía del viejo revisionismo: yo me forme en esa escuela, pero a esta altura hace falta integrar las corrientes históricas, así como el revisionismo no puede negar al Juan Bautista Alberdi de Las Bases, del otro lado no se puede seguir pensando que Rosas solo era un tirano sanguinario".
Indica Novaro que varios de los historiadores que pretende reivindicar O Donnell (Abelardo Ramos, Rodolfo Puiggrós, Hernández Arregui) estaban peleados en ejes centrales: respecto de Rosas, algunos repudiaban la Revolución de Mayo por antiespañola, como en una coctelera tenían un poco de marxismo, de antiimperialismo, de catolicismo español, de humanismo, de defensa del aborigen". También Forster recalca que los distintos peronismos reivindicaron un nacionalismo ultramontano en una etapa y uno de izquierda en otra.
Novaro prefiere no enfatizar en quienes integran el Instituto -a la mayoría dice no conocerlos- sino en la tentación de armar una historia nacional y popular (términos difusos) opuesta a una liberal; en tanto Forster describe la composición del instituto como heterogénea "algunos son amigos, con otros no me sentaría ni a tomar un café". Cuenta que el tema no se debatió aún en Carta Abierta (usina intelectual K que integra), empero rescata que el instituto se denomine Manuel Dorrego y no Juan Manuel de Rosas. Dice que no le satisface el texto fundador (por ello habría declinado de participar en el instituto Norberto Galasso). "Advierto una interpretación sesgada, en parte maniquea y poco interesante de la complejidad de las ideas, pero me parece positivo el interés de la presidenta en el núcleo de la historia. Hoy la discusión está ligada a la recuperación de la idea de un país que estaba extraviado pensando en un destino ajeno a Latinoamérica, que hizo visibles a algunos e invisibles a otros. La posición de Cristina es incorporarle a nuestros 200 años de historia el presente desde una perspectiva crítica".
Concluye Novaro: "Hay un afán de buena parte de la militancia K de dar una batalla cultural que empezó por los medios, sigue con la educación, y aspira a formar profesionales "comprometidos" con el pueblo, es una tradición peronista que dispone de espacio y es respaldada con recursos del estado; si va a avanzar esa lectura hacia la formación educativa es una incógnita". Tal vez sea el mayor interrogante.



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