Incentivos claros y a tiempo valen como una lluvia

Hernán de Goñi

La seca no es eterna, pero está claro que un fenómeno climático global como La Niña la está haciendo cada vez más recurrente. Los expertos pronostican algo de agua para los próximas horas, aunque será difícil que una sola lluvia logre revertir una situación que ya se transformó en crítica. Con suerte, lo que tendrá que administrar el Gobierno es una pérdida de stock granario y de hacienda.

Es cierto que la Argentina ya salió de otras sequías con una producción aceptable, por eso es razonable aguardar la evolución de los cultivos durante las próximas tres o cuatro semanas antes de establecer una política que le permita al agro sortear este impacto. Aunque el Gobierno a veces siente que el campo está sembrado de opositores, también es el sector que con sus exportaciones sostiene el superávit comercial y el ingreso de dólares al BCRA.

Lo que cobra valor en situaciones como la actual, es la importancia de mantener reglas que incentiven la producción antes de que una crisis climática potencie las pérdidas. Si seguimos la lógica K, lo que corresponde es esperar que se apliquen parches para compensar las divisas que restará la sequía. Con menos intervencionismo en el pasado, al Gobierno no le haría falta rezar para mantener una cosecha de 100 millones de toneladas.

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