El impresionante operativo de emergencia en medio de la tragedia

El impresionante operativo de emergencia en medio de la tragedia
LPO recorrió la estación de trenes de Once minutos después de la catástrofe. Según las autoridades hubo una “muy buena” coordinación entre la Nación y la Ciudad a la hora de montar el sistema de emergencia. De todos modos, hubo algunas desinteligencias a la hora de publicar las listas de heridos. Testimonios en primera persona.

Las dos señoras caminan por Pueyrredón y buscan vestidos de fiesta. De la tienda se escucha una canción de Vicentico y un par de pibes intentan hacerse unos pesos vendiendo medias. La rutina sigue su curso, salvo que a 25 metros, Once volvió a mostrar su peor cara: la de la muerte, la negligencia y la desidia.

Como en el funesto fin de año de 2004 con la tragedia de Cromagnon, la calle Mitre se pobló de ambulancias, patrulleros, médicos, enfermeros, policías, ocasionales ayudantes y curiosos. El impacto de la formación 3772 que venía desde Moreno contra el paragolpes de la estación de trenes también hizo salir a las calles a fantasmas, zombies: son los familiares de las posibles víctimas de la tragedia que deambulan y buscan información.

LPO recorrió la escena del accidente minutos después de ocurrido. El impresionante operativo montado por el SAME, que incluyó un centenar de ambulancias y dos helicópteros funcionó “de manera correcta”, según confiaron los médicos que trabajaron en el lugar. De acuerdo a lo que pudo saber este medio los primeros móviles en llegar provinieron desde Ezeiza: eran ambulancias que estaban destinadas al cerrojo sanitario por el arribo del crucero Armonía, que esta mañana tocó puerto porteño.

“Lo peor estaba en el fuelle, entre el primer y el segundo vagón. Sacamos a dos chiquitos en grave estado, sabemos que uno falleció, pero el otro estaba muy muy mal”, le contó a LPO, Emilio, uno de los médicos que actuó en el triste escenario.

Las autoridades que se encontraban en la estación destacaron en todo momento la “muy buena” coordinación entre la Nación y la Ciudad a la hora del operativo de emergencia. “Operamos a 200 personas en un tiempo muy corto, es inédito”, contaron. En las inmediaciones del hospital Pirovano, se cortó el tránsito de la calle Monroe para habilitarlo como helipuerto.

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Cerca del mediodía, consumado el traslado de los heridos y el retiro de los fallecidos, el panorama había cambiado. A esa hora, la policía cortó el paso hacia el andén de la tragedia con vallas y un cordón de efectivos y tapó con lonas de la división “Criminalística” los restos del convoy incrustado en el parachoques. Sólo autoridades policiales, peritos y algunos médicos tuvieron acceso al lugar.

“Estaba en el anden y escuché una explosión. La puedo contar, aunque no vi a nadie de TBA, sólo policías. 8.28 en punto vi que el tren entraba en el anden, era como una película, cuerpos encima de otros”, graficó Alfredo, un ocasional y afortunado testigo. Preocupado, quería comprar una camisa limpia para llegar presentable a su trabajo en Flores.

Mientras, algunos indiscretos buscaban una novedad y otros se embroncaban por la cancelación del servicio. El enojo se esfumó cuando los altoparlantes anunciaron que desde la estación Miserere –la que está en el subsuelo, junto con la parada de subtes- salía una formación. Una periodista noruega contaba en canales nacionales las bondades del sistema ferroviario nórdico, muy distinto, según decía, del vetusto armado nacional.

Pero los fantasmas en busca de sus familiares, amigos, novios, seguían deambulando. Como Karina que buscaba a su pareja, Jonathan Báez, de 27 años, que viajaba en el tren en la hora trágica. O como Ángela Ferreyra, que desesperadamente intentaba que alguien le de una punta sobre el estado de su hija, Carmen Ferreyra de Castillo, una empleada doméstica que supuestamente también estaba en la formación.

“Ella no tiene teléfono, no se cómo ubicarla, voy a tener que buscarla en los hospitales. Ni siquiera tengo el número de su patrona”, se resignó Ángela ante los micrófonos de LPO.

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Los trailers amarillos y negros ubicados por la Ciudad sobre la calle Mitre no daban abasto. Las simpáticas chicas intentaban en todo momento –aunque a veces sin mucho resultado- contener a los familiares. Pero cerca de las 14 sólo tenían las listas de heridos de los hospitales Durán, Penna y Fernández. A las 15, el Gobierno porteño difundió la lista provisoria de heridos de todos los hospitales y habilitó las líneas 136 y 147 y el 0- 800- 999- 2727‏ para los que precisen más datos.

Claro que en medio del dolor de algunos, también hubo lugar para los milagros. Marisa viajaba en el primer vagón. Iba dormida y cuando se despertó tenía “varios cuerpos encima”. Dios, Alá, Buda, el azar, o lo que sea hizo que no sufriera ni un rasguño. Salió caminando por la puerta del tren aunque inmediatamente entró en shock. “Hubo una explosión muy fuerte. Quise ayudar a una señora, pero tenía muy mal las piernas, ella no podía salir sola”, contó angustiada.

Su amiga Carmen tenía que viajar en el mismo tren. En la estación Moreno no pudo subir porque la muchedumbre colmó los coches y decidió esperar a la formación siguiente. Las veinteañeras se encontraron en Once, en medio del horror. Se dieron un abrazo y se largaron a llorar.

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