El imperativo de controlar la agenda

El imperativo de controlar la agenda
El oficialismo provincial parece entrar en una etapa de meseta. Pero no la señalada por los estudios económicos respecto de una desaceleración negativa en un proceso de crecimiento.
Es una meseta producto de un estado de ánimo triunfalista, sólo basado en encuestas. Algo riesgoso para tiempos en que estos métodos dan cuenta de un fotografía del presente. Pero el comportamiento del electorado es muy volátil y puede deparar sorpresas.

En el sciolismo entienden que las amplias ventajas dan suficiente respaldo para el optimismo. Con la problemática de la inseguridad quitada de la agenda de los medios, respiran aliviados. Con esto, pese a que las condiciones para que ello ocurra no hayan cambiado, se intenta la modalidad de “hacer la plancha”.

El cuadro de situación aconseja dejar todo como está, no generar problemáticas superfluas y otear el horizonte para ver por dónde pueden aparecer los nubarrones.

En el gobierno bonaerense la preocupación pasa por tener preparadas las baterías de respuestas para algunos ejes de debate que puedan aportar desde la oposición. La premisa es ser más reactivo que proactivo.

Como posible obstáculo en el camino empiezan a reverdecer, y con mucha fuerza, los reclamos salariales, una cuestión que pareció quedar guardada en un baúl de recuerdos por mucho tiempo.

Algunos gremios reclaman ahora la reapertura de las paritarias para actualizar los haberes debido a incrementos en el Índice de Precios al Consumidor que, para muchos economistas del oficialismo, no equivale a la inflación.

No se sabe si es por una cuestión de recursos o de imagen de fortaleza ante la opinión pública. Pero lo cierto es que la administración Scioli señaló que, bajo ningún concepto, esa reapertura de paritarias va a proceder. No lo dicen a los cuatro vientos, pero en el análisis político esto implicaría una imagen de debilidad.

El debate y la tensión continuarán y desde la Casa de Gobierno bonaerense prometen resistir, porque calculan que eso les permite mantener más vínculo con su electorado que ceder a presiones gremiales, detrás de las cuales también hay electores. Pero calculan que la incidencia es menor.

Desde otros sectores políticos opositores, no obstante, entienden que una situación persistente de reclamos limará las bases de sustentación de tan alta intención de voto de Daniel Scioli.

El mandatario, por el momento, se limita a mantenerse al lado de Cristina Fernández y defender la situación de correlato con el proyecto nacional del oficialismo.

La Presidenta tuvo algún gesto de gentileza días atrás cuando, en la inauguración de una cementera, señaló que la Provincia recibe de Nación un 577 por ciento más de fondos que en el 2003, cuando empezaron a gobernar el país. Obviamente se habla a valor histórico y no a moneda constante, y esos fondos también implican obras públicas que, tradicionalmente, iban por otra cuenta e implicaban un aporte extra para cada provincia.

Con temas tales como la inseguridad debajo del segundo subsuelo mediático, sin mucho talento en la oposición para debatir sobre la coparticipación y con un reclamo salarial administrado en cuanto al debate público, Scioli pretende asegurar su tranquilidad.

Por el momento, algo muy coyuntural le interrumpe esa paz interior y es reducir a su mínima expresión a su rival Martín Sabbatella. Este tiene una intención de voto de entre el 6 al 8 por ciento y promete hacer una cabecera de playa en el territorio bonaerense.

Hace pocos días en el sciolismo se congratularon con algunas denuncias que salpican al ex intendente de Morón por casos reñidos con la ética y la transparencia que involucran a algunos asistentes de campaña y del municipio de ese distrito.

Desde el oficialismo provincial aspiran a que ese contraste entre proclamación de transparencia y este tipo de denuncias pulvericen la imagen que Sabbatella pretende vender ante la opinión pública. Y, por qué no, esa intención de voto vaya a parar a las arcas de Scioli.

Todo indica que, por el momento, Scioli hará lo que mejor sabe, y es mantener la calma en las aguas de la política que, generalmente, suelen estar agitadas.

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