Impacto

Gran impacto social provoca a diario la retahíla de muerte y delitos de todo tipo que ocurren a diario en Mar del Plata.
Alejandro Nogueira, de 19 años, fue baleado en la vía pública en Parque Palermo cuando se hallaba junto a otros jóvenes a los cuales el padre de Nogueira caracterizó como “todos pibes que andan en la joda”. Horas después se conoció otro hecho de violencia que significó para una taxista 22 puntos en la cabeza, por los culatazos que le pegaron al asaltarla.

Lejos de la crónica establecida, un oyente de la 99.9 identificado como Diego denunció que todo el pasaje de un servicio de la línea 555 fue asaltado por dos menores fuertemente armados que, mediante amenazas de muerte, los despojaron de todas sus pertenencias para descender luego del vehículo y marchar muy tranquilos hacia otro punto de la ciudad. Los menores -si lo fueran- “en conflicto con la ley penal”, lanzaron amenazas del tipo “dame la plata, te mato y no pasa nada porque soy menor”, o “dame la plata, porque te mato a vos hoy, y mañana voy y mato a tu familia”. Ninguno de los pasajeros hizo la denuncia.

Es ya un cotidiano para quienes hacemos esta tarea en la 99.9 o en este semanario escuchar estos relatos duros, crueles, en los que las víctimas siempre son las mismas, las personas que trabajan, estudian, o simplemente transcurren su vida esperando no ser ejecutados impunemente.

Esta semana, Vilma Baragiola describía lo que ocurre en materia de recursos para la función policial. No hay intención de colocar las cámaras de seguridad, no se renueva el parque de patrullas, no se envían fondos municipales para completar la carga de combustible de las patrullas, y tal como reconoce el jefe departamental Lorenzo Velázquez, “las unidades no resistirían una inspección para circular por parte de la autoridad, pero es lo que hay intentando dar protección al ciudadano”. Un grotesco.

Ya ni se discute la utilidad de Prefectura; cortes y quema de gomas como el que llevan adelante Facundo Moyano y la rama recolección de Camioneros en Colón y España para acosar a la aseguradora MAPFRE, parecen no importar a nadie. Derechos básicos y constitucionales conculcados ante la indiferencia de jueces, fiscales, e inacción policial absoluta, salvo para custodiar a los alzados en contra de la ley y el derecho. Eso es lo que hoy tenemos, no más. Un estado de anomia feroz, tal como señala la filósofa Diana Cohen Agrest, madre de un chico de 26 años asesinado de dos tiros el pasado domingo 10: “Así como en la Grecia arcaica el mítico Cronos, dios del tiempo, devoraba a sus hijos, la Argentina ha venido devorando durante los últimos treinta y cinco años a los suyos. En una suerte de letal compulsión a la repetición, una sociedad y un Estado filicida diezman una y otra vez a las jóvenes generaciones”. Y viejos, madres, hermanos, y todo aquel que es devorado por este dios perverso que parece sólo justificar el mal en su insaciable sed de poder.

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