Por Laura García. Editora de FinanzasLa ilusión de un dólar turista libre o relativamente accesible en plena avanzada contra el atesoramiento quedó hace rato sepultada bajo la evidencia de que la veda no discrimina.
En plena vigencia del labertino burocrático para acceder a las divisas, con un plazo de apenas cinco días previos al viaje para efectuar la compra y montos que de ser autorizados resultan muy inferiores a lo requerido (enmascarando un cupo que desde el Gobierno se insiste en desmentir), finalmente llegó lo que muchos venían anticipando como inevitable en la lógica cambiaria oficial: la cruzada contra el tarjetazo, única vía liberada hasta ahora para consumir en el extranjero al conveniente precio del dólar oficial.
El dólar tarjeta se instala así para sumarse a la multitud de cotizaciones que hoy se cruzan en la gimnasia cambiaria que practican los argentinos, tironeados por expectativas de devaluación que no terminan de desactivarse y la resistencia a adentrarse en los vericuetos de la cuevas y su dólar a $ 6,40.
Un blue relativamente estabilizado en agosto invita a especular con un techo del dólar paralelo y la sensación de que el máximo de $ 6,80 tuvo mucho de sobrerreacción.
Pero las continuas reediciones del cepo con restricciones que se apilan no harán nada por suavizar la brecha cambiaria. El blue, por el contrario, quizás empiece a tentar a algunos. Por irracional que parezca a la otra mitad de los argentinos.
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