El departamento, ubicado en el noroeste de San Juan, tiene 7.000 habitantes y cobija en su interior a la mina Veladero, explotada por la compañía canadiense. Obras, servicios y educación, bajo su ala.
Para los habitantes de Iglesia, Barrick remplazó al Estado a la hora de responder ante necesidades de la población. Una biblioteca, una carrera terciaria, una bomba de agua y otras carencias sociales ya no se piden en el Municipio, sino en la sede de la compañía canadiense.
Por una ley del menemismo, las explotaciones mineras en el país sólo tributan el 3% de su facturación en concepto de regalías. Hasta el gobernador sanjuanino, José Luis Gioja, un defensor a ultranza de la minería, ha planteado la necesidad de reajustar ese porcentaje.
Mientras tanto, las mineras que ganaron áreas de explotación aprovechan las facilidades legales para inflar la rentabilidad. En el caso de Barrick, responsable de la extracción de oro en la mina Veladero, enclavada en Iglesia, ha invertido algo más de lo que dice la ley para mantener de su lado a los pobladores que circundan sus intereses.
Iglesia tiene unos 7.000 habitantes distribuidos en ocho distritos. Aun después del “derrame” de la minería a gran escala, a la vista de los visitantes resalta la humildad económica que predomina entre la población.
“Lo que vemos ahora es que hay esperanzas, las expectativas son prometedoras, los jóvenes tienen opciones para quedarse”, explicó Sirley Sarracina, nacida y afincada en el distrito Las Flores, de Iglesia. La mujer es directora de la escuela del distrito El Rodeo, cercano a su pueblo natal.
Antes de que llegara Barrick a sacar oro de Veladero la principal actividad económica de la zona era la agricultura. La especialidad en esa materia es la producción de semillas de porotos y lechuga. En ambos rubros los empresarios locales tienen mercados externos y buena reputación de sus productos. La agricultura sigue teniendo la misma presencia actualmente en Iglesia.
Eduardo Gómez es comerciante y preside la unión vecinal del distrito Las Flores. En este momento su preocupación pasa por conseguir fondos para remplazar la planta potabilizadora de agua existente desde hace medio siglo, “que ya no da más”, explica el dirigente vecinal.
La entidad no fue a pedir plata o la realización de la obra al Municipio, sino que elevó la demanda al responsable en Iglesia de Barrick Gold, Julio Fonseca. “Ellos se mostraron interesados en ayudarnos, seguro que nos vamos a poner de acuerdo para tener pronto una nueva planta”, se tranquiliza Gómez.
El dirigente lugareño tiene motivos para confiar que Barrick hará la inversión en la mayor necesidad de su pueblo. Hay antecedentes.
La Cámara de Turismo de Iglesia canalizó su interés en difundir el idioma inglés entre los pobladores del departamento en la empresa canadiense. En lugar de ir al Estado, fue a las oficinas de Barrick a pedir cursos para que la gente domine la lengua de potenciales visitantes.
La compañía ya financió la capacitación de alumnos y docentes del departamento en tecnologías de la información y la comunicación. También construyó un moderno edificio para una biblioteca, que a la vez dotó de material bibliográfico.
“Es un modelo de biblioteca comparable con cualquiera de Buenos Aires o de otra gran ciudad”, pondera con orgullo la directora Sarracina. Lo mismo hace con la participación indispensable de Barrick para la creación de la carrera universitaria de Gestión Gastronómica en Iglesia.
En ese caso, el programa tiene a varios actores pero la plata la puso la minera. El gobierno de San Juan facilita las instalaciones de la escuela técnica del distrito El Rodeo, la Municipalidad de Iglesia pone la movilidad para los alumnos y la Universidad Católica de San Juan aporta el componente académico: los docentes y títulos legalizados.
“La sociedad de Iglesia siempre fue muy dependiente económicamente del Estado, ya sea el Municipio, la provincia o la Nación”, explica Gómez. Con la radicación de Barrick los pedidos sociales a los organismos oficiales menguaron porque la empresa se convirtió en la ventanilla más efectiva para los requerimientos de los pobladores.
Por ejemplo, en 2005 la compañía canadiense donó dos tractores para ser usados comunitariamente por los productores agrícolas del departamento. Antes había instalado una estación de meteorología de última generación en la escuela técnica de El Rodeo, que cuenta con una quinta de 10 hectáreas para las prácticas de los alumnos.
Barrick también fue responsable de la instalación de una sala de industrialización de materias primas agrícolas en la misma escuela. Sin injerencia del presupuesto estatal los alumnos consiguieron una costosa herramienta que ahora les permite elaborar lo que da la tierra.
Además, los docentes de la institución tuvieron posibilidades de capacitarse en materias diversas con profesionales contratados por Barrick.

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