Nació como un apéndice del Modelo Chubut comandado por Mario Das Neves. Luego viró hacia un kirchnerismo que no termina de aceptarlo ni aquí, ni allá. Intentó completarse con la incorporación de figuras como Blas Meza Evans, Alejandro Fernández Vecino y Javier Touriñán, pero la apuesta ha resultado claramente insuficiente para la creación de un liderazgo nuevo.
Es quizás por esas carencias que su referencia política más fuerte es la confrontación constante, desmedida, no sólo con Das Neves sino también con el ministro de Agricultura de la Nación, Norberto Yauhar, al que logró colocar como adversario a partir de los continuados ataques ejercidos por la dupla Touriñán-Di Pierro, primero; ahora continuadas por funcionarios de segundo o tercer nivel del Ejecutivo, cuando el jefe comunal comodorense renovó su alianza con Yauhar.
La táctica tiene alguna semejanza con la que forjó Néstor Kirchner a nivel nacional, excepto por la astucia del santacruceño para elegir con quién pelearse y en qué terreno. La pelea contra Das Neves, por ejemplo, ha sido pérdida pura para Buzzi y el Gobierno, ya que sólo logró colocar en el centro de la escena al ex – Gobernador, que no necesita hablar para tener impacto en la opinión pública, ya que a esa tarea la cumplen una y otra vez por él los funcionarios del Ejecutivo.
Con Yauhar ese efecto es aún mayor. A partir de la diferenciación con Buzzi, el ministro de Agricultura resolvió los conflictos que lo separaban del diputado nacional Carlos Eliceche y selló la fractura evidente de su relación con Di Pierro, que pasó de la crítica a la reivindicación en unas pocas semanas, un dato que debería obligar al repaso de sus estrategias por parte del Gobernador y, fundamentalmente, de sus colaboradores.
Objetivamente, desde enero para acá los rivales que eligió el Gobierno para definirse a sí mismo, están mejor de lo que estaban en aquel verano que ya parece lejanísimo y las perspectivas no ofrecen demasiados elementos halagueños como para pensar en una eventual mejora.
Para ir a un caso puntual, no hay nada mejor que bucear un poco en el trámite que sigue una de las iniciativas más importantes del Ejecutivo, casi clave por su importancia en el contexto de una economía deprimida.
El proyecto de Marco Regulatorio para las Actividades Mineras e Hidrocarburíferas no sólo no cuenta con el respaldo del FPV en la Legislatura, sino que además puede haber lesionado la relación con el Gobierno Nacional más pro-minero que recuerde la historia, emparejado apenas con el menemismo.
“Debieron haberlo consultado antes, para contener a todo el peronismo o por lo menos a la mayoría”, se quejan referentes y diputados de las diferentes tribus del PJ que comulgan con la posición del Gobierno Nacional.
Con entusiasmo adolescente, el proyecto le puso –con razonables argumentos- límites a la voracidad de las multinacionales y sentó las bases para una mejora de la participación estatal en la explotación de esas riquezas.
“Pero no hablaron con nadie del Gobierno Nacional para tantear si había respaldo a una decisión que no sólo cambiaba las reglas de juego para Chubut, sino que podía servir de base para reclamos similares en otras provincias”, analizan dentro del kirchnerismo “tradicional”.
Al parecer, nadie tomó en cuenta la experiencia santcruceña donde, a pesar de la existencia de un Estado quebrado al punto de que ya no puede garantizar el servicio de seguridad, los diputados de la organización de niños cantores conocida como “La Cámpora”, tumbaron en la Legislatura un proyecto enviado por el Ejecutivo que proponía gravar la venta de yacimientos de su propiedad.
“Santa Cruz está incendiada por completo y ni siquiera así se autorizó la posibilidad de reducirle el margen de acción –y de ganancias- a las mineras, ¿porqué razón lo iban a permitir acá?”, se preguntan y se preguntan los sectores del peronismo que miran hacer al Gobierno.
Según esos mismos referentes, el grado de compromiso con el buzzismo es mínimo, aunque culpan exclusivamente al Gobierno por la debilidad de ese vínculo.
“No llaman, no dan participación, no hay marco de debate. Así, es muy difícil que haya ´sintonía fina´”, explican los que siguen mirando de lejos la marcha de los acontecimientos en Fontana 50.
En el Gobierno, se cree a pies juntillas que el empujón potencial que podrían dar las inversiones mineras, mejoraría sustancialmente el clima económico –y por extensión lógica el político- en el corto y el mediano plazo.
Pese a ese diagnóstico –discutible o no en otros términos-, sus voceros se han ocupado mucho más en el combate contra Yauhar y Das Neves, que en explicarle al resto del PJ y al conjunto de la sociedad los términos del proyecto, sus teóricos beneficios y los riesgos que se enfrentan si, como parece ahora, el Marco Regulatorio no pasa el filtro parlamentario.
Quizás, el desafío más grande para el Gobernador, su gestión y sus colaboradores, pase por encontrar el modo de definirse –y de liderar- a partir de sus propias acciones y no buscando esas condiciones en la pelea continua contra otras referencias del poder político.
“Han perdido su identidad política y están absolutamente huérfanos porque crecieron apadrinados por el poder político de Mario Das Neves”, los apostilló Yauhar.
Cómo enfrentar y superar ese diagnóstico, parece una tarea urgente para los que hacen política y tratan de construir ese “poder real” que declama y reclama Martín Buzzi. Mientras tanto, lo que sobran son palabras.






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