A nadie asombra el juego de las negociaciones en el Concejo Deliberante. Es parte de la política legislativa de un cuerpo que en dos semanas modificará la mitad de sus 18 integrantes.
Sin embargo, este cuerpo de 18 integrantes tiene una característica. Todos los proyectos que llegan al recinto con alguna trascendencia se convierten en un pequeño o gran escándalo. Se espera hasta el último instante para cerrar acuerdos y, en este contexto, los cuartos intermedios se tornan interminables. Así, cualquier tiempo lógico para cada proceso se dilata hasta el hartazgo. Allí, cuando los consensos no llegan, la sensación es que el tema regresara a un punto inicial.
Las razones son dísimiles. Muchas veces los temas llegan al recinto y no todos tienen un conocimiento exacto de la cuestión. En otras ocasiones, los acuerdos previos en la comisión de Labor Parlamentaria no se respetan. También sucede que, a pesar que en todas las instancias previas se intenta negociar, casi nunca se logra torcer la postura inicial de los concejales.
Por eso, los cambios repentinos en el recinto a veces sorprenden. Si bien el diálogo y los acuerdos son parte de los espacios democráticos, el ida y vuelta constante de un tema en la sala de sesiones genera dudas y especulaciones en los pasillos del Deliberante sobre lo que realmente se quiere aprobar. Especialmente cuando se discute ampliamente en las comisiones.
Ejemplos
Esto sucedió con el proceso del transporte público de colectivos y también pocas horas atrás con la venta de tierras en el barrio 14 de Octubre. Pero también con una infinidad de temas que hasta terminaron volviendo a comisión porque en el recinto no se llegó a un acuerdo.
La duda es si resulta positivo que se aprueben así los temas, después de tantas especulaciones. No hay dudas que si la discusión es constructiva, el resultado será mejor. Y esto sucede muchas veces. Pero no siempre. En otras tantas, las decisiones se fundamentan más en intereses políticos y hasta personales que en una argumentación sólida que tenga el interés colectivo en primer plano. Así, muchas veces un tema serio se transforma en un espectáculo.
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