Por Ricardo RoaYa es mucho afirmar que el autotransporte de pasajeros argentino está “entre los mejores de Latinoamérica”. Pero traer a cuento el invento del colectivo y del dulce de leche para justificar un argumento que no probó, es una extravagancia si no una ridiculez.
Increíble pero real, todo eso hizo Miguel Pichetto, el jefe del bloque de senadores kirchneristas.
“Muchachos, nosotros inventamos el colectivo y el duce de leche”, le zampó a la oposición en medio del debate sobre el traspaso sin fondos de subtes y 33 líneas de colectivos a la Ciudad.
Pichetto suele tener un discurso bien armado, pero esta vez se fue de viaje.
El colectivo fue idea de un grupo de taxistas que solía parar en Caballito. Cansados de perder pasajeros porque el taxi salía caro, imaginaron ganar lo mismo con un vehículo que llevara más gente a una tarifa menor . El primer colectivo partió de lo que hoy sería Rivadavia y Lacarra hacia Primera Junta, un día de septiembre de 1928. El invento fue copiado pronto en Uruguay, Paraguay y Brasil.
Y si ya se había remontado a 83 años, mucho más lejos se fue con el ejemplo del dulce de leche. Según historiadores, esa pasión de los argentinos nació en la primera mitad del siglo diecinueve. Mito o realidad, dicen que fue estrenado durante un encuentro de Rosas y Lavalle en Cañuelas.
Menos mal que Pichetto no hablaba en el Parlamento uruguayo, porque entonces habría armado un lindo revuelo: los vecinos se atribuyen el invento del dulce de leche y nos pelean la paternidad. Igual, entre otras cosas, que el origen del tango y el lugar de nacimiento de Gardel.
Pichetto defendió los colectivos, pero hasta ahí llegó su servicio a la causa: no quiso comprometerse con los trenes.
Y también pretendió despegarse Ricardo Jaime, pese a haber sido el secretario de Transporte de Kirchner y un tiempo con Cristina: “No tengo ninguna responsabilidad, no soy funcionario” , afirmó. Nadie tiene nada que ver. Pero hay 51 muertos de Once que esperan justicia.


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