Y hubo un día en que se votó por conciencia más que por disciplina

Por: Julio Blanck.

Pasó acá, en la Argentina de la política exasperada; de la intolerancia, el escrache y la infamia; de la corrupción que se destapa cada día; de gobernantes y opositores que muchas veces hablan de cosas intangibles, seguramente importantes, inevitablemente lejanas para el hombre de a pie.

Pasó acá, en la Argentina en la que los pobres compran más comida y la clase media compra más televisores, y la cosecha es récord y el Gobierno gasta tanto que ya tiene sus cuentas en rojo, y cosa de locos, todos corren mirando de reojo a ver si los alcanza la lluvia ácida de la inflación, que bien sabemos que no perdona.

Un día sucedió lo impensado, casi lo imposible. Y sucedió en el Congreso, donde tanta erosión de prestigio se viene construyendo en los últimos tiempos. Hubo un día en que la Cámara de Diputados debatió la habilitación del matrimonio entre homosexuales. Y ese día votaron las conciencias más que las conveniencias. Y la disciplina política cedió ante las convicciones personales y los mandatos de la ideología y de la religión, asumidos voluntariamente por los legisladores.

Que hubo cálculos mezquinos, búsqueda de rédito barato, tipos que pusieron la cara en la foto y la cola en la banca para quedar bien y ganar algunos puntitos de consideración, claro que los hubo. Pero eso se extingue rápido, tiene un vuelo triste y corto.

El matrimonio gay no resuelve los problemas profundos de los argentinos, eso está claro. Pero es una manera de afrontar una realidad que no se tapa ignorándola ni reprimiéndola.

Uno puede pensar que la gente tiene todo el derecho de hacer lo que quiera con su vida privada y que el Estado no tiene por qué imponerle límites a esas decisiones personales. Otro dirá que hay modos de reconocimiento legal y social para las parejas homosexuales que no son exactamente la institución del matrimonio. Y habrá quien considere todo esto una aberración. Lo bueno es que hubo un día para debatirlo con toda la libertad que los argentinos hoy somos capaces de permitirnos.

Ese día, esta semana, levantaron la mano para votar lo mismo tipos tan distintos como Néstor Kirchner y Ricardo Alfonsín; Pino Solanas y la muy digna diputada Pinky; Felipe Solá y el banquero Carlos Heller; el ultrakirchnerista Carlos Kunkel y el antikirchnerista Claudio Lozano; la diputada Victoria Donda que nació en la ESMA donde desaparecieron a su madre y el radical Ricardo Gil Lavedra que juzgó como camarista a las Juntas Militares; la veintena de diputados de centroizquierda enfrentados con el Gobierno y el puñado de centroizquierdistas oficialistas; la macrista Paula Bertol, el piquetero Toti Flores y el dirigente agrario Ulises Forte; Margarita Stolbizer y Agustín Rossi; el abogado de la CGT, Héctor Recalde, y el fervoroso cobista Daniel Katz.

Todos ellos votaron a favor del proyecto, que se impuso por 126 votos a 110, con cuatro abstenciones. Y entre los que votaron en contra también se produjo esa mezcla saludable impuesta por las libres conciencias.

En la oposición al matrimonio gay se anotaron notorios diputados oficialistas como Patricia Fadel, Jorge Landau y José Díaz Bancalari; radicales como el jefe del bloque Oscar Aguad y los dirigentes del campo Ricardo Buryaile y Pablo Orsolini; peronistas disidentes como Francisco De Narváez, Graciela Camaño, Jorge Obeid, Eduardo Amadeo y Alfredo Atanasof; macristas como Gabriela Micchetti y Federico Pinedo.

Entre los poquitos que se abstuvieron estuvo Elisa Carrió, tironeada entre su profunda convicción religiosa y su respeto, también profundo, a la comunidad homosexual.

En la sesión hubo barras a favor y en contra, discursos tremendistas para uno y otro lado. Y también maniobras políticas, como cuando Kirchner ordenó a los diputados de su bloque que estaban en contra de la ley abstenerse de fundamentarlo en la sesión. Y hasta hizo que una decena de ellos se ausentara al momento de votar.

Al final, 46 kirchneristas votaron a favor del matrimonio gay y 30 lo hicieron en contra. Entre los radicales hubo 17 votos a favor y 24 en contra. En el peronismo disidente 6 a favor y 22 en contra. En la Coalición Cívica, 16 a favor y 2 en contra. En el PRO, 4 a favor y 7 en contra.

Ahora falta el tratamiento en el Senado, que promete ser muy arduo. Pero esto ya forma parte del cálculo y el análisis político tradicional. Lo que valió la pena fue el debate de las conciencias razonablemente libres.

Así, aunque fuera por un rato, la Argentina se pareció un poco más al país deseado.

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