Por: Osvaldo PepeHace hoy una semana, Clarín decía en uno de sus títulos de tapa: "Quemaron el auto de una periodista en Santa Cruz". La víctima del ataque, sufrido en la puerta misma de su casa, fue Adela Gómez, una periodista de Caleta Olivia que se desempeña en Radio XXI y es crítica del poder provincial. La colega sospechó de alguna persona cercana al intendente K, Fernando Cotillo
Los Kirchner dedican muchas de sus arengas a descalificar la acción de los medios y la opinión de los periodistas que no comulgan con el Gobierno, a quienes pretenden identificar como voceros de "intereses concentrados" y no como profesionales de la información. Por eso, desde su prensa domesticada o en actos proselitistas, lanzan diatribas y difamaciones en tropel. Hasta se han permitido, con una jauría de alcahuetes reídores alrededor, humillar con nombre y apellido a periodistas que cumplen con su trabajo, demostrando un interés obsesivo y paranoico sobre la cuestión mediática. Salvo que ocurra en Santa Cruz, claro.
La red de medios, públicos y privados, que armó el kirchnerismo para fulminar la acción crítica del periodismo, tampoco consideró que se trate de una cuestión de relieve. Caleta Olivia queda en la misma provincia que El Calafate, definido por la Presidente como "su lugar en el mundo". Razón de más para haber hecho saber su condena. Si es que la tuvo, la sociedad aún no la ha escuchado.


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