CGT, la hora de la revancha

Por Ricardo Roa

La CGT vuelve a ser noticia pero esta vez no por lo que hace sino por lo que está pasando en su interior. Se acaba el mandato de Moyano, que i ntenta la re-re pese a que la mayoría quiere dejarlo afuera.

El camionero tiene quebrada la relación con el Gobierno, que fue la base de su poder . Maneja un sindicato con enorme capacidad de fuego. Pero está más solo que nunca, rodeado por pocas organizaciones y casi todas de limitado peso gremial.

Los beneficiarios de su desdicha pertenecen a una constelación heterogénea . Los que estuvieron hasta ahora con él como la UOM, el gremio más tradicional del peronismo, antiguo en los modos y en las ideas . Hoy no expresa a un grupo sino a sí mismo y aspira, con patrocinio del Gobierno, a la secretaría general. O los mal llamados independientes de UOCRA, Sanitarios y UPCN, unidos desde siempre por otra vocación: ser oficialistas .

Adhieren a esta alianza otras dos corrientes. Una es la de los grandes gremios como Mercantiles, Sanidad y Luz y Fuerza, a la que se suman Smata, Ferroviarios y Alimentación. Y la otra es la que lleva el sello del gastronómico Luis Barrionuevo.

Un corte profundo separa a los dos bloques antimoyanistas. El de la UOM y los oficialistas piensan el gremialismo desde la política del Gobierno.

Los Gordos y Barrionuevo invierten esos términos: para ellos, el poder sindical está primero.

Alrededor de todos, orbitan no alineados que terminarán acoplándose a los que ganen.

Aún debilitado, Moyano tiene una carta fuerte: el llamado a las elecciones. Ya convocó al Comité Confederal previo al Congreso que decidirá su destino. Pero la alianza opositora impugna esa convocatoria y busca recortarle aún más sus fuerzas, captando al mini grupo del taxista Viviani (Ver: El antimoyanismo impugnó el llamado a elegir jefe de la CGT).

Hay algo cantado: la CGT que viene no será la misma, se mantenga unida o se quiebre . Por la posición actual de Moyano, su reemplazo será funcional al Gobierno . Pero eso no significa que habrá un alineamiento automático , como imagina el kirchnerismo.

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