José Luis Jacobo.Surge con fuerza el dato que revela el fastidio del gobernador Daniel Scioli para con el manejo de los asuntos públicos de Mar del Plata en aquellos espacios que son de competencia provincial.
El arribo de la draga Mendoza se produjo el 22 de abril de 2009. Entonces se dijo que su misión principal era la de retirar arena del canal secundario y despejarlo hasta dejarlo en condiciones de operar buques de 150 metros de eslora. Tres años y cuatro meses más tarde, la draga está amarrada, inoperativa, luego de recibir más de sesenta millones de pesos en reparaciones que de cualquier modo no han logrado hacerla funcionar. Pero lo que ocurre con la draga Mendoza es sólo el botón de muestra más obvio de lo que ha sido el desmanejo del consorcio en estos años. Ahora, el gobernador Scioli quiere una auditoría integral que abarque los periodos 2007/20012. Una fuente con alto grado de vinculación al despacho principal de la Gobernación asevera que Scioli sabe que le han mentido, pero lo quiere verificado y por escrito. Esa tarea recae en Diego Pinkler, director de Gestión Portuaria, quien se presentó ante el gerente del Consorcio, Walter Sivina, exhibiendo carta de las autoridades provinciales del área que le concede plenos poderes para auditar las siete gerencias que conforman la estructura de funcionamiento del Consorcio. Pinkler tiene historia en la función. De gesto adusto, no se queda en la búsqueda de falencias formales o irregularidades; mantuvo esta semana un encuentro -y lo hará también la próxima- con voces autorizadas que le permitan darle al Gobernador un panorama completo sobre lo que debiera ser la principal unidad de negocios de Mar del Plata. Nada parece simple en un escenario de mucho fastidio y dolor por los eventos ocurridos en este año. El prefecto mayor Walter Guido está abocado a usar su poder para vengarse. El uso del término venganza no es caprichoso, sino que expresa fielmente lo que ocurre con los armadores que le reclamaron a viva voz por su inacción en la protección de vidas, bienes, y derechos constitucionales ultrajados por el SUPA en primer lugar, y el SIMAPE luego. Ya hay caídos en esta contienda absurda. Juan Carlos Ferreyra renunció al SUPA. En el SIMAPE, sus principales actores públicos, Novero, Trueba y Chávez, siguen su vida como si nada. En apariencia, pararon la actividad, empujaron la gente a la miseria, y todo para firmar el mismo convenio que el SOMU había acordado en abril. Inaugurado oficialmente el 24 de febrero de 1913, el puerto de Mar del Plata era conocido en la década del ‘30 del siglo pasado como “el puerto de la velocidad”. Tiene ventajas competitivas frente a todos los demás puertos de la costa atlántica, pero su estado actual sólo es posible merced a la acción feroz de la generación de mediocres que ha ocupado fiera y férreamente los sillones de la administración en esta ciudad.

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