Lo dijo Juan Pedro Tunessi al opinar sobre el reportaje que el diario La Nación le hiciera a José Pablo Feinmann, las "aclaraciones" posteriores del entrevistado y las consideraciones que se desprenden sobre el patrimonio de los Kirchner.
"Como los de enfrente son muy, pero muy malos, a nosotros que somos los buenos, nos está permitido ser un poco malos para combatirlos, ya que en última instancia nunca llegaremos a ser todo lo inconmensurablemente malos que son ellos".
"Ese parece ser el razonamiento de un hombre inteligente y culto como Jose Pablo Feimann, quien días pasados justificara en el programa de Victor Hugo Morales, el enriquecimiento de quienes gobiernan, como un mal menor tolerable. La nota fue realizada ante la queja del intelectual, con relación a la forma en que La Nación, en su edición de Internet, titulara su reportaje en el suplemento Enfoques de sábado 24 de diciembre pasado y en el que precisamente el entrevistado alude a las dificultades de creer en una pareja de ricos “que nos habla de hambre”, en referencia al matrimonio Kirchner".
"Al referirse a la Presidenta en el reportaje radial, fue mas lejos aún, argumentó que no estaba mal que recurriera a ese procedimiento para cubrirse de la posible reacción de la “derecha” cuyo odio supuestamente desafió a través de las medidas a favor de los sectores populares. En el supuesto de tener que exiliarse, debería estar preparada económicamente, razonó".
"Aunque parezca mentira ese fue el argumento utilizado para intentar justificar el incremento patrimonial de quien hoy ejerce la Presidencia de la Nación. Un verdadero sofisma, un desatino que ofende moralmente a los ciudadanos de nuestro país y nos revela la audacia y soberbia de quienes en ultima instancia se consideran muy por encima de las exigencias básicas para el ejercicio del poder en democracia. Solo faltó escuchar que ser honrado es un prejuicio “pequeñoburges”.
"No es cierto como dice Feinmann, a quien molesta ser considerado un filósofo Kirchnerista, que todos quienes no apoyan al Gobierno son de derecha, representan y defienden de el statu quo o no están de acuerdo con el juzgamiento a los militares genocidas. Precisamente desde esa lógica simplista se construye el pensamiento binario, amigo-enemigo, del que también se queja como si no fuera este gobierno el encargado de construir enemigos permanentemente, para luego dividir a la sociedad entre réprobos y elegidos. Desde ese lugar pareciera que se intenta justificar lo injustificable".
"Para los Radicales, sin embargo, no nos da igual, la probidad y la honradez forman parte de los valores inescindibles para quien ejerce la función pública y podemos demostrarlo con ejemplos. Los presidentes de origen radical, en su gran mayoría entraron pobres al gobierno y salieron más pobres o en algunos casos fueron elegidos siendo ricos y dejaron el poder mucho mas pobres. Ni Yrigoyen, Alvear, Frondizi, Illia, Alfonsín, ni el tan denostado De la Rua, se enriquecieron ejerciendo el poder. Muchos de ellos vivieron hasta sus últimos días de una pensión oficial o murieron sumidos en la extrema pobreza".
"Son ejemplos que exhibimos con legítimo orgullo quienes luchamos cada día por una sociedad plural, en la que no esté prohibido disentir pero tampoco coincidir, en la cual nos esté permitido señalar matices a una realidad que se fuerzan en pintar solo de blanco o negro".
"Ser honesto no constituye una virtud, es un prerrequisito básico para quien ejerce la función pública. Enriquecerse en el ejercicio del poder se presume un delito, a tal punto que la ley invierte la carga de la prueba, obligando al funcionario a demostrar el origen de su incremento patrimonial. Confundir lo público con lo privado es creer que el poder nos pertenece. Argumentar que hay que acumular fortuna para tener poder y disciplinar, es propio de dictadores y autoritarios".
"Es inadmisible que para construir una nueva épica, para abonar un relato unilateral, para darles “argumentos a la militancia”, justifiquemos lo injustificable, embargando valores básicos y trascendentes, sin cuya vigencia la democracia se reduce a una pobre formalidad, destinada a legitimar el poder por el poder mismo", concluyó Tunessi.


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